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La Poesia

nadie para nadie, mañana sera lo mismo. dioses y truenos

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nadie para nadie, mañana sera lo mismo. dioses y truenos

primer acto

 

Lo vi venir, lo olía, (igual sufrí el mal de tabaco) y por una vez me confundí.

Tantos asaltos en mitad de la noche o recién levantado, y el destino o mi armadura, siempre a punto!

Siempre tuve un buen tacto entre lo atrevido y cauteloso. A lo que yo denomino observador, y otros lo acatan a nacer en marzo, o ser contemplativo.

No sabía siempre, pero por si acaso tenia hechos los deberes! –los de la vida, o lo del colegio- dependiendo que se jugara. –Ya tuve suficiente decepción con el fracaso

Está claro que se pusieron todos en contra mía,; la razón, el tiempo, los hechos. Hasta cuando mi intención era la contraria, tenía la sensación de que erraba. Tanto te deseaba… que perdí razón, tiempo, espacio y esperanza.

Solo por bañarte en el juego de mis sueños. Donde tu intuías, que te conocía, (hará dos mil años atrás) y quería bautizar como un acuerdo de incoherencia. Hacer nuestra la batalla de lo absurdo. Domar de a poco el delicado dragón de la ignorancia del instinto.

Y como era tan habitual, hacer de cada día, un raro espécimen que a ti tanto te aburría.

Nos peleamos como dos gatos en granada, por salir ilesos de un amor de batalla.

Y tanto hemos perdido que señalamos las fronteras “a dedo” por no raspar más el viento con la espada.

Más que amor eras musa, y de tanto contexto, me quede mudo. Que no callado.

Eres el rugir del mar con el viento cuando agita violenta en la noche su más feroz carcajada al hombre que se siente dueño de sí mismo. La tierra entonces, se encoje miscelánea.

Y ya nada puede parar la lluvia.

Porque nada volverá a ser lo mismo mientras tus no estés. O lo hagas tan lejos.

Todavía me pregunto ¿En que erre?,¿Dónde cometí mi vocación fallida de mal amante?

¿Cuándo deje de ser tu objeto admirado, a la pesadilla de tu inexpresiva figura? ¿Desde qué monte no ha hecho correr todo obeliscos por rondarnos cerca la muerte o el encuentro?

Que brujería es tan efectiva, que ni la estricta droga nos amarga.

Pero ya no quiero lamentarme por la melancolía que nos desata.

Sino por el atisbo de esperanza que me place, mañana verte todavía tan guapa.

Y no saber decir palabra. Ni argumentar mi alma con sensatez

En cuyo caso pido la palabra al silencio. Y que sea el destino quien nos dirija a la plaza, y que sea dios el torero que nos dé por fin muerte. y/ paz. De este amor tan poco acomplejado.

Tan espejismo.

venido de la sierra de Madrid. Aporto durante varios años poesía por todos los rincones de la península y alguna que otra isla. Retirado profesionalmente. Ahora dedica como hobby sus misterios a lectores agradecidos

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