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La Poesia

HOMICIDA, ALEVOSÍA Y VENTAJA

Literatura

HOMICIDA, ALEVOSÍA Y VENTAJA

Secreciones abismales I, asesinato premeditado

HOMICIDA, ALEVOSÍA Y VENTAJA

 

 

                 Secreciones abismales I, asesinato premeditado

 

Todas las luces —orondas e ígneas—  que ayer no alcanzaron desteñir tu paisaje, hoy —famélicas, vetustas y cascadas— arrebatan al suelo

(como a un cementerio de indispuestas canicas) gotas secas de vidrio gemido;  entre tu sombra que coronase un encina, y su propio parto a orugas malditas. Por eso, así de pronto y de golpe quedóse a oscuras el sol de mañana al mediodía. Y tintinearon las gaviotas en el campanario de todos los nuevos silencios. Yo estaba pálido —y como ausente de tus pensamientos quietos y de mis zapatos—, tú lo estabas más, no obstante ignorarlo. Habías (esa noche) comprado un bastión a las iras inconscientes en un campo de azafrán y alambres viejos. Para salvaguardar… no sé, quizá la inocente confianza de la inmoralidad recién conquistada a fuego saliva. O tal vez… tal vez aquella cérea efigie que de ti y de mí despojados  —por sí y para sí mismos— habían amasado los Árboles de los Desaparecidos.

No sé. Cuántas cosas no cabrían a vistas ocultas y ahí. Pero nada termina sin haber iniciado —y mil veces prolíficos los ensayos de muerte que te prestaron  un nombre y reflejo—. Pero nadie que Ausente lleve por nombre inicia, raspa y concluye sin antes haber sacrificado a lo cierto su integridad vacía.

La carne siempre gira sobre un tiempo pétreo, el alma enmarcada enmohece plásticas cifras —abandonada al inequívoco orden—  entre la A y la Zeta  en el fichero de en medio  de cualquier registro civil y futuro tabernáculo forense. Empero a nadie le importa tanto cómo a mí que no estoy. Durante mucho tiempo no lloré. Me quedé suspendido entre el tiempo y el abismo; entre tu cadáver y el mío.  Sin embargo ya sabía que estaba roto, eternamente roto; como en seis o en doscientos pedazos, sí, mejor, más o menos. Porque ¿quién podría saberlo? ¿Quién, entonces, podría contarlos? Yo no, y tú tampoco. Y aun así, yo sabía mejor que mi nombre: que estaba roto.

No sé si nací roto, sé que no nací muerto, pero, por alguna razón

—que aún pretendo ignorar— me es imposible saber si acaso roto hube nacido. No obstante, esto nada importa ahora. Ahí —al fin— di por hecho y estaba roto. Y romperse zumbaba y zumbaba, cual un puñado de moscas  alrededor de mis apellidos gangrenosos. Romperse duele menos que andar por las calles y las azoteas con el pecho / la frente / la barriga y las piernas remendadas.

Duele menos que aquellas grapas oxidadas con que una vez —no en vano y con risa— tratamos de cerrarle la boca al pasado, cicatrizar tu herida sobre la mía. Sin embargo, duele más que andar por la tierra o por el cielo de una sola pieza y sin ti  —porque al fin de cuentas es lo mismo.

Luego Ella dijo: <<Necesito decirte algo>>. Pero yo ya lo sabía.

No requería que nadie me lo dijera, ni siquiera tú. Porque yo ya lo sabía.

Eso sí lo sabía. Lo supe como un siglo antes de irte,  quizá dieciocho —siglos— y lo supe un siglo antes (o quizá dieciocho —siglos—) de que llegaras. Antes que tú, siquiera, supieras de ti. Incluso entonces lo sabía.

Pero todo esto es nada, porque yo soy nada y tú también / ingentes vacíos en las memorias postizas de lo que no conseguimos —los días que no veremos atardecer. Y Ella aún dice que hay algo que debe decirme.

Y Ella persiste porque el mar nunca calla, porque al mar lleva en la boca y en los ojos. Y no deja de mojarme. Y no deja el cuerpo de lavarme con la espuma de sus manos ni con la sal de su aliento ni con la voz de su agua.  Pero mi sequedad sigue, mi sequedad sigue seca y quieta —no obstante todo. No obstante ser Ella el mar. No obstante haberse tragado Ella mis naves. No obstante en Ella… No obstante en ella yacer azul ahogado mi cadáver templado —como, cuando, ¿recuerdas?, dúctil y templado, entre sus cuerdas y tus dedos ahogóse a pausas el silencio de una música que no sabía cuánto a mi sangre obsesionaba, calentaba —por Ella y vos. En Ella y vos: mi comienzo y final escritos en pentagramas cósmicos, en la sinfónica pronunciación de un nombre y un latido.

Pero hoy somos nada —disonancias forzadas, acaso—; estridencia de afonías molidas y arpeos de miedo y fracaso. Con la piel en un sitio y en otro  de cumulo-nimbus colgados el calor y el hueso. Como de nubes pendemos, fantasmas estragos, grises presagios de aguas deslaves y televisados velorios.

Y sin embargo, no puedo terminar de irme —acaso tenga esto su lógica y motivo en que nunca termine de llegar (¿por qué no pude, todos estos años, aprender a consumar una sola acción por vez? ¿Por qué quiero serlo y hacerlo todo a un tiempo?)—; no puedo terminar de irme. Qué marea maldita azur exangüe al lengüetazo de la luna  rodando por la cuesta de mis órbitas infectas y tu mirada muerta: soy y vengo.

Por eso todas las luces que ayer no alcanzaron desteñir tu rostro en mi ojo ni mi rostro en la lengua de tu alma, hoy —a medio parto momificadas—  danzan desnudas alrededor del destello —áureo-índigo-desvergonzado— que de hora en hora escupen nuestros túmulos frondosos.

No guardo esperanza alguna  para ir más allá de éste punto y razón.

No espero, anhelo ni pretendo —cual no pretende sonreír la navaja al apagar de la sangre el llanto— ir más allá de este suelo ni sobrepasar esta muerte ni dejar de ahogarme ni dejar de amarte. Yo no pretendo.

Al fin estoy desnudo  ante el advenimiento de mi propia ausencia. Instintiva, premeditadamente, voy a matarnos / una vez más.

 

 

 

D.R. ©Daniel Mendoza, 2015

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Yo nada soy —¿Quién soy?—. Una gota de agua que se evapora en el desierto, acaso. El grito parturiente de un recuerdo que se despeña en los fosos de la memoria. Un día que cae llorando, cae por siempre, y caigo yo. Lo mismo que el desierto yo soy nada y lo soy todo. Espejismo del ocaso habiendo vivido un día. Habiendo vivido un día, me voy yendo con la noche. Contracorriente, frío y vil, nada yo soy, acaso de un tibio cadáver reminiscencia. Daniel Mendoza

1 Comment

1 Comment

  1. Adrián

    4 noviembre, 2017 at 5:58 pm

    Magnífico, lo leo y lo releo, de mis favoritos!!

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