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La Poesia

Literatura

QUINCE

Quince

QUINCE

 

La luz hace el amor al ojo
y lo preña de ceguedades
y de cantos de cigarras. 
Más tarde lloverá.
Ahora, encogidas, almas y hojas
se fuman un letargo
entre las calles que corren
corren sin llegar a nada.
Canta su canción de mercado
la sierpe humana de diario
en el suelo un pan se multiplica de gusanos
allá agoniza la paloma
entre voces de silbatos,
la paloma, y un mantel de sarna
que florece en la fractura de la acera,
todo el tiempo me está mirando
tengo ganas de pisarle la cabeza
pero me gana el bostezo
pero me sana ese olor de coladera.
Sigue el apareamiento del sol y las cabezas
la extinción de los piojos
el sabor del aceite quemado:
la piel que se arrancaron
la otra noche en esa esquina
un puto y su mujer de nadie.
Más tarde lloverá
ahora todo arde en su tufillo de mierda;
pagaré la cuenta del servicio eléctrico
y me volveré por la calle rota
donde un día esa golfa me confundió
con el diablo o con John Lennon
me cortaré el cabello antes de volver a mi silla
alguien va a llamarme
para decirme que has muerto
y más tarde lloverá.

 

 

 

©Daniel Mendoza, 2017 Lamiendo Navajas

Yo nada soy —¿Quién soy?—. Una gota de agua que se evapora en el desierto, acaso. El grito parturiente de un recuerdo que se despeña en los fosos de la memoria. Un día que cae llorando, cae por siempre, y caigo yo. Lo mismo que el desierto yo soy nada y lo soy todo. Espejismo del ocaso habiendo vivido un día. Habiendo vivido un día, me voy yendo con la noche. Contracorriente, frío y vil, nada yo soy, acaso de un tibio cadáver reminiscencia. Daniel Mendoza

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