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La Poesia

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Templo

 

Hay cosas en la vida que no es necesario planear.
Se organizan solas, porque es su curso natural.
Me ha pasado pocas veces en la vida.
Lo podemos llamar fluir, pero les digo: No es lo mismo que dejarse llevar y ver qué pasa.
Porque lo que sucede está alineado con lo que queremos que suceda.
Es un baile perfecto entre el presente, el pasado y el futuro.

Y eso me sucedió, hace un año en Los niches, Chile.

La banda en la que estaba en ese entonces, Hotel Julieta, había tenido un muy buen alcance en Chile y México. Estábamos en un momento en que las cosas empezaban a funcionar bien desde lo práctico, la gente iba a nuestros conciertos, cantaba las canciones y al final del ritual querían llevarse el disco que tanto nos costó hacer.

El problema con el Hotel fue que lo construimos desde el techo, quizás nos faltó construirlo desde los cimientos. El paso que tuve por The Voice Chile nos dió un empuje fuerte pero nos hizo saltarnos etapas importantes.

Como en todos los hoteles la gente en algún momento quiere partir y así pasó, Edu, nuestro bajista, se fue a Berlín y yo presentía un viaje que estaba por comenzar.

Arrendamos un teatro antiguo, cerramos las puertas, nos pusimos nuestros trajes de botones y despedimos a los residentes en un concierto inolvidable y nos abrazamos con ganas de volver a encontrarnos.

Ya con la mente abierta a comenzar un nuevo proyecto partió Bocho, junté todas mis cosas, mis amigos me prestaron lo que hacía falta y monté un estudio en una casita perdida en Los Niches, camino hacia la cordillera.

Hacíamos yoga, me guiaba Akio, mi amigo yogui, me ayudó a concentrarme en lo que quería hacer, canciones nuevas. En esos días de sol, fueron llegando uno a uno, sincronizados, esos amigos que me ayudaron a grabar lo que hacía falta, y cómo no, a cocinar y comer bajo la parra del jardín. Así nacieron las primeras dos canciones, Estrella y Sofía.

Lo que parecía un viaje solitario se convirtió en una fiesta, estar con estos compañeros de vida que con sus visitas me renovaban. Comenzábamos el día por la mañana, saludabamos al sol y luego me dejaban solo para sumergirme entre las miles decisiones de sonidos y herramientas que el estudio improvisado en la pieza del fondo me entregaba. Pero no se sentían como decisiones, casi no tenía que pensar, me sentía tan conectado con el trabajo que solamente le entregaba a lo que la canción me pedía. Cuando mi obsesión llegaba al límite, entraban a rescatarme para cocinar y compartir en la mesa de afuera. Apenas terminamos volvía a lo que comencé a llamar el “Templo”.

Seguía hasta la tarde noche, cuando mi cuerpo me pedía salir de la pantalla y ver el exterior, agarrábamos la destartalada Luv Chevrolet que me dejó mi padre y nos íbamos a recorrer las montañas con sus laberintos entre las viñas.

Cuando mis amigos marcharon, me quedé días paseando sin ropa por la casa. Salieron dos canciones, Libertad y Blondie, las más desinhibidas.

Así terminó el proceso del campo, con muchas ideas casi cosechadas, que se transformarían en las flores del nuevo disco “Templo”

5 meses después me veía en el avión de Chile a España conversando con mi fugaz amigo argentino compañero de asiento (Que se llevaron deportado apenas aterrizamos), mostrándole las canciones que iba editando en el viaje.

Desde Madrid, cuando noté que había llegado lo más lejos que estaba a mi alcance, llamé a Benja, le pregunté si le gustaría mezclar el EP y para mi felicidad accedió encantado. Trabajamos a la distancia entre videollamadas sin parar, mentalizados en hacer lo que para los dos sería el mejor trabajo hasta la fecha.

Y ahora estoy acá, desde Córdoba, España, de gira con 3 poetas, escribiendo. A punto de publicar este material en el que tanto hemos trabajado y tantas ganas tengo de compartir.

1 Comment

1 Comment

  1. miriam robles yañez

    9 julio, 2018 at 9:54 pm

    Como se llama el grupo? Donde puedo escuchar???

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