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La Poesia

Poesía

FUNÉREA

FUNÉREA

 

Estabas ahí, concéntrica, desaborada;

amortajándote con dedos de tierra

las horas, el sexo: habitáculo de cardos y moscas.

En el medio de ríos no nombrados

por el poder de tu blanca mano;

abierta a toda invasión himenóptera,

recíproca, esperando desangrar

de tu tiempo ignívomo, breve e impiadoso

como el motivo primero de todas las cosas,

hasta la última inconsecuente partícula

del temblor de tilos y silencio

con que en la tarde te alargabas, sombra llovida,

reflujo de nube, perpetua ausencia.

Sencilla cual son sencillos

tu soledad y cabello en el pensamiento del aire.

Plurimembre, dando a luz vacíos,

muriendo con mineral resignación tu muerte cérea,

sobria, hija de tu mismo útero, de la noche funérea;

un espectro de ti te besaba la boca cerrada y desoída,

garbosa quietud en tu ceño de hueso, nido de hormiga,

en tu mentón deshojado, frugal y larvario.

Soñando sin sueño el regazo del sol,

de mi mano expatriada, de aquel hijo negada;

reventando, anaerobia, celosa de nadie,

de nadie estremecerse; sin sed ni cansancio,

abandonada a la impasibilidad de tu esqueleto,

bajo tus techos y un estallamiento eucarionte;

placida, suicidada

estabas ahí.

 

 

 

©Daniel Mendoza

Yo nada soy —¿Quién soy?—. Una gota de agua que se evapora en el desierto, acaso. El grito parturiente de un recuerdo que se despeña en los fosos de la memoria. Un día que cae llorando, cae por siempre, y caigo yo. Lo mismo que el desierto yo soy nada y lo soy todo. Espejismo del ocaso habiendo vivido un día. Habiendo vivido un día, me voy yendo con la noche. Contracorriente, frío y vil, nada yo soy, acaso de un tibio cadáver reminiscencia. Daniel Mendoza

2 Comments

2 Comments

  1. Noumena

    11 julio, 2017 at 2:33 pm

    Me gusta mucho este poema

  2. Noemi Carrizo

    6 julio, 2017 at 11:53 pm

    Para que explicar lo mucho que me encanta leerte!

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