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La Poesia

Poesía

IMPOSIBLE

IMPOSIBLE

IMPOSIBLE

 

 

Te aventaba un ojo al cuello,
te arrojaba
al seno, al sexo, hacia el mar equidistante
como un ronroneo de piernas que pasan,
que soban, que sobas
con un cortaplumas de gato en las noches.

Yo tenía en el ojo tres cosas de tu cuerpo
y todos te decían que yo tenía en el ojo
tres cosas de tu cuerpo.

Estaba febrero en tu mayo mi ojo
y nos quedábamos quietos
poniendo al reloj la espalda
para que lanzara cangrejos
con el control remoto.
Llenando de cangrejos abril
con el control remoto:
era un yoyó mi ojo,

que te aventaba al cuerpo
y me regresaba a la lengua
mascando la marca del perfume
que mi ojo lamía de tu cuello.
Pero no comprendías;
todavía no me entiendes
ni te paras a escuchar
cómo se me resbala el ojo,
cómo se me escurre el ojo;
cuántas veces al día
te hace el amor mi ojo.

Con el filo del cuerpo que llevas puesto
yo aún me abro los ojos
y se me van las pupilas
a lamer por las calles
todos los verbos que tus tacones pisan.

Pero no me entiendes,
no sabes que aviento
de hora en hora, de marzo a Venus
una mirada a tu cuello
ni cuánto anhelo
saberte bailando en los salones
de mis retinas,
en la transparencia de mi ojo
y de gota a gota.

Pero no me entiendes,
no te sientas ni descubres
por dónde andaba sembrando
en tu espalda mis dedos este ojo que cuenta.
No me escuchas ni te callas ni me sueñas,
no recoges los ojos que aviento,
que me pisan los peatones y los carros.

No imaginas cómo penetran por tus paredes,
por tus ventanas
mis ojos;
atraviesan la noche insolada y pequeña

con puntos y motas,
la tierra y los muertos cargados de olvido,
tu blusa y tu falda posesa de risa,
tu falda y tu risa teñida silvestre
en los puños de mi ojo que tiembla,
que ahogándose grita
bajo farolas de roja conciencia.

Porque no entiendes
porque estás ciega
no te columpias
en el estante de a por mis veinte,
no te estás quieta y te sales,
te vas y te vienes,
te sales, te vas y regresas
de mi ojo clavado en un poste astillado.

No sabes, no piensas

no se te ocurre, tú no te imaginas
cómo mis ojos te caen por el pelo
cual esta lluvia, cual este sol
ni que a veces te odian,
te cambian me cambian
llenando sacos de bizcos cuatros;
y entran, no sabes, se van, se regresan
te toman las manos

y te abren las piernas.

 

 

 

 

 

©Daniel Mendoza

 

 

 

 

 

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Yo nada soy —¿Quién soy?—. Una gota de agua que se evapora en el desierto, acaso. El grito parturiente de un recuerdo que se despeña en los fosos de la memoria. Un día que cae llorando, cae por siempre, y caigo yo. Lo mismo que el desierto yo soy nada y lo soy todo. Espejismo del ocaso habiendo vivido un día. Habiendo vivido un día, me voy yendo con la noche. Contracorriente, frío y vil, nada yo soy, acaso de un tibio cadáver reminiscencia. Daniel Mendoza

1 Comment

1 Comment

  1. Adrian

    15 julio, 2017 at 1:11 am

    Mis ojos y yo amamos este poema

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