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La Poesia

SIETE OCHO NUEVE Y DIEZ

Poesía

SIETE OCHO NUEVE Y DIEZ

SIETE OCHO NUEVE Y DIEZ

VII

 

Quizá pero no,

durante un tiempo no lloré,

habíame encadenado

con fuego verde

—el verde de los sauces y los limoneros—

las ganas de vaciarme en seco

el ojo de no verme abandonado

en el eterno minuto que separase

tu cadáver manso del atrabiliario mío.

 

Estoy triste.

Yo lo sabía,

como un año antes

de volver a estarlo.

 

Lo sabía.

Y es que nuevamente

tengo unas ganas rabiosas

de golpearte la boca

con un ramo de lirios.

Retornarte a mi ombligo,

acurrucados los tres

en un carrujo mojado,

en la piel de un sábado

hace no sé cuántos veranos.

Y sí.

 

VIII

 

Quiero sangrarte

contigo un veintiocho cualquiera,

voltear hacia dentro

el nombre de la ausencia.

Y así.

Y déjame hacerte el dolor

de sumirse en sí mismo,

y color de gangrena y gerundio:

para que sientas

lo que se siente

llamarse como yo

y estarse sin sosiego ni más voz

noche a noche

nombrándote la boca

y ven.

Déjame hacerte

dolor de gónadas,

amputación de medialuna.

 

Déjame clavarte

la maternidad negada

al equidistante juego

de llamarse faraónica

esta erección ahora,

grabar de incestos

los dorados de la urna

donde polvo sueñas;

para que llores

lo que lloran mis manos

estándose abiertas,

esperando que caigas.

 

IX

 

Tal vez / no siempre fue así/

un día te levantes

de ti y lo que quedas,

volviendo a ser lo que eras

y ese fatuo lunar

en la desembocadura de tu oreja.

 

Sí, quizá / ¿por qué no?/

y a llevarme vengas.

Llamarás a la puerta de mis genocidios

desvestida

de autopsias y novenarios.

Sí / me mostrarás el sabor

que te dejó la tierra / y el verbo primero

separándote pistilos y fonemas

en la boca del sexo.

Y ven.

 

Sí, quizá, / ¿por qué no?

Te corras

Me corras.

 

X

 

Estoy triste.

Sácame esta costilla

Trágate mi páncreas

mi tristeza mis cuadernos;

escóndeme en tu vagina

aléjame del jardín de los olivos,

de mi sueño.

Estoy triste:

escúpeme en la boca,

levántame del río;

hagamos sudar una nube.

Devuélvete / cálido rizo

de tu mismo nombre y feracidad

al poro que abierto continúa.

 

Y ven,

que mis dedos enmohecen,

que mi muerte sigue andando

corredores que la niegan

por tres veces

antes y después

de oír sangrar el alba.

Ven.

 

Todo el tiempo está lloviendo

Y estoy triste

Y me da risa.

 

 

 

 

D.R. ©Daniel Mendoza, Las Incursiones Bárbaras 2015

Fotografía: <<Orgasmo de hojas>> de Carmen de Páramo

Yo nada soy —¿Quién soy?—. Una gota de agua que se evapora en el desierto, acaso. El grito parturiente de un recuerdo que se despeña en los fosos de la memoria. Un día que cae llorando, cae por siempre, y caigo yo. Lo mismo que el desierto yo soy nada y lo soy todo. Espejismo del ocaso habiendo vivido un día. Habiendo vivido un día, me voy yendo con la noche. Contracorriente, frío y vil, nada yo soy, acaso de un tibio cadáver reminiscencia. Daniel Mendoza

3 Comments

3 Comments

  1. Paula Peleteiro

    19 octubre, 2017 at 4:37 pm

    INCREÍBLE

  2. Armando

    18 octubre, 2017 at 5:57 pm

    Simplemente extraordinario!

  3. Adrián

    18 octubre, 2017 at 4:49 pm

    Que te puedo decir? Asombroso, siempre me impactas y me conmueves hasta los mismos huesos.

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