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La Poesia

Tratado de Botánica

Poesía

Tratado de Botánica

Esto no es un poema.

Es un tratado de botánica,

A mí me educaron para ser una niña vegetal.

Quieta, callada. Sin opinión ni discernimiento. Frágil, ornamental.

Con una raíz tan fuerte que crecí a ferrada a la misma porción de tierra.

Con un tallo delgado divido en partes. Y aquí, cerca de la cabeza, justo dentro de los pétalos, en el lugar preciso en el que tengo el estilo. Mi estilo. Mi madre. Mi madre natura. Mi madre natura hizo que me creciese el estigma.

¿Visualizas una margarita?

El estigma es lo que le queda después de que hayas alternado las opciones “me quiere, no me quiere” hasta agotarle los pétalos. Es el botoncito suave y amarillo.

¿Me visualizas?

El estigma es lo que me queda después de que hayan alternado las opciones “puede”/ “no puede” hasta deshacerme los nervios. Es el botoncito suave e invisible.

Pero como niña flor hubo demasiadodas cosas que no tuvieron en cuenta. Soy un pensamiento. Soy, si me da la gana, un diente de león. Y llegué a la conclusión de que cada flori vive sólo una vez. Así que tiene que ofrecer al mundo su mejor aroma. ¿Por agradar al resto? No, no, presta atención.
Leí que antes de las flores la belleza no existía todavía. Que el aspecto de las cosas no tenía nada que ver con el deseo. Hicimos un pacto con las animales. Alimentación a cambio de transporte. Me hicieron llegar lejos. Muchísimo más lejos de mi propio horizonte.
Que si en mí estaban la quietud y el silencio, también estaban las semillas y el polen.
Como dijo el héroe aymara Tupak Katari “Volveré y seré millones”.
Porque tengo la capacidad de las flores de atarer a los animalillos voladores.
Y parece algo tan pequeño, algo que no vemos, algo tan fugaz y diminuto.
Pero hace 200 millones de años nosotras no existíamos. Había solamente plantas sin semillas y animales de sangre fría.
¿Has escuchado la frase “Ella no es frágil como una flor, es frágil como una bomba”?
Vale, pues es una trampa. Porque yo no estallo en una sola explosión, es cierto.
Yo no mato, soy vida en expansión.
Las flores reinventamos la existencia en la Tierra. Trajimos azúcares y proteínas. Trajimos nuevas formas de energía. Poetnciamos, por tanto, la supervivencia de los animales de sangre caliente.
Y existen los humanos porque una flor se quedó quieta, callada, haciendo sutilmente, sin que nadie lo notara. Generando sin decir.
Esto no es un poema. Es un tratado de botánica.
A mí me educaron para ser una niña vegetal.
Sólo puedo decir que estamos en primavera, que tengo constante savia nueva. Que no soy planta de maceta.
Y que todo, absolutamente todo lo que habían planeado para mi siembra, riego y cosecha les salió mal.
Soy libre, selvática, silvestre y si me apuran, soy maleza.

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