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La Poesia

Relato

Azul negro

Ella tenía un pañuelo azul negro. Como los de las ancianas griegas.

Se marchó a casa sin decir nada, pero no le dí importancia.

Hasta que el cuervo cayó desde la negra noche sobre otro cuervo que yacía en el suelo. Y le perforó la cabeza. Y le sacó los ojos.

Entonces sentí la tragedia.

Subí corriendo las escaleras de adobe y añil, olía muy fuerte, a gas.

Ella estaba en la cocina, enloquecida, rociándolo todo. Con la cara desencajada.
La quiero más que a nada en el mundo.

Pero no puedo ayudarle.

Pun.

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En cierto modo, me sorprende estar aquí. Yo no escribo poesía, de hecho, de pequeño la odiaba. Odiaba profundamente la rima, la búsqueda cursi de la belleza y odiaba no entender. Poesía era amarillo, rosa, estridencia... Mi pensamiento en cambio, funcionaba con líneas. A lo sumo, negros y oscuros, para buscar lo tenebroso. Eso sí me atraía. Y la verdad. La búsqueda del por qué de las cosas. Desde ese interés pronto me acerqué a la Religión. Más tarde a la Filosofía. Creo que sólo cuando ésta me mostró sus vergüenzas, se produjo mi verdadero encuentro con la Poesía. Con lo poético como forma de dar dignidad a lo que late en la sombra. Violentado por la luz del mediodía. Ahora me ocupo de las tres, a través de las obras de María Zambrano y Muhyiddin Ibn al-Arabi.

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