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Mysig vs Hygge

Hay ciertos términos que, por mucho que uno los intente traducir, nunca encuentra la palabra acertada. Y no porque no se conozca con cierto grado de precisión la riqueza léxica de su propio idioma sino porque, a veces, simplemente, esa palabra no existe en otros idiomas. 

Esto es lo que sucede con términos suecos como lagom. Puedes tratar durante horas, durante días, de encontrar una palabra equivalente en español y jamás acertar a formular algo que describa en su totalidad todo lo que lagom representa con su mención. En ocasiones hay palabras o expresiones que pueden traducirse literalmente pero que, sin embargo, no pueden describirse en sus ricos y específicos matices culturales. De esta manera, podría traducir literalmente las expresiones suecas de jag orkar inte (no puedo más, no aguanto más) o det löser sig (ya se arreglará) al español pero nunca acertaría a explicarle a uno de mis amigos todo lo que esas expresiones conllevan cuando son traidas a colación. Solo un sueco, o alguien que haya vivido en Suecia durante varios años, podría comprender toda la riqueza semántica y sociopragmática de dichas expresiones.

Lo mismo sucede con dos términos que considero enrevesados y copiosos en su semántica al mismo tiempo: hygge y mysig, uno danés, aunque de origen noruego, y el otro sueco, utilizado por primera vez en el siglo XVI.

El hecho de poder hablar con relativa fluidez cinco idiomas y de trabajar como lingüista en instituciones académicas de diferentes países le lleva a uno a descubrir y a reflexionar sobre conceptos socioculturales que se esconden detrás de algunas palabras o expresiones. Hygge es un término danés que se refiere a una suerte de bienestar tanto físico como mental. Y aunque se pueden encontrar cientos de libros sobre el significado de este concepto –libros escritos también en español– resulta realmente complicado explicar toda su carga semántica si no se ha experimentado la sensación que genera bajo la propia piel. Si no se ha vivido un momento hygge, no se puede encontrar la palabra correspondiente en otro idioma. Aunque el dilema se complica aun más cuando la palabra incluye un valor sociocultural que solo aquellos que forman parte de una determinada sociedad han experimentado y, por lo tanto, solo ellos pueden describir subjetivamente. Hygge representa en sí misma una actitud ante la vida, una forma de vivir el presente, el preciso momento en el que uno se halla. Hygge es una forma única de estar alineado con el contexto, con la compañía que le rodea, con las emociones, con todo aquello que a uno lo abriga en el finito instante de los segundos, el tiempo y la vida.

¿Cómo se podría describir todo esto con una sola palabra? Pues sí, hygge lo hace y, de hecho, cumple muchas otras funciones lingüísticas y sociopragmáticas. Sin embargo, no conozco ninguna palabra en español que se aproxime al significado de la palabra hygge.

Tanto hygge como mysig poseen un valor semántico asociado al bienestar del alma. Así pues, y como términos y estandartes de dos países fronterizos, ambos denotan características que al mismo tiempo se asemejan y diferencian entre sí. Dinamarca y Suecia son dos países nórdicos que se ven muy afectados por sus condiciones climatológicas: lóbregos e interminables inviernos, silenciosas y misteriosas noches, enormes cantidades de nieve, escasas horas de luz, místicos paseos por el bosque, chimeneas humeantes y gatos atigrados que vienen y van al son de los cantos que les marcan los vientos del norte. Sin embargo, Dinamarca, más continental que Suecia, más alemana en su acento, más sureña en el norte, se muestra orgullosa de ser uno de los países más felices del mundo. Suecia, centro de la vida escandinava, se volvió más introvertida y basa su forma de pensar y sus métodos de trabajo en el curioso concepto de lagom en el que todo vale, en el que todos caben, eso sí, sin sobrepasarse, sin destacar demasiado en ninguna dirección. Incluso con sus pequeñas y convenientes diferencias, cuando se trata de crear ambientes íntimos, armónicos, cálidos, acogedores y personales donde nada ni nadie cuenta más que la satisfacción que produce el preciso instante que se vive, mysig y hygge, Suecia y Dinamarca, representan un paso más allá en relación al resto del continente. Asimismo, estos términos contienen una conexión directa con la cultura en la que se emplean siendo precisamente los pequeños detalles culturales los que enriquecen sus propiedades semánticas. El término hygge, al igual que los daneses, agrega una pizca de espíritu de pertenencia, de afiliación grupal, de hermandad, tal vez de un tono alto y grave en la voz que no se encuentra en el concepto de mysig. De hecho, no es raro ver a los daneses –andaluces del norte– disfrutando en bares donde todos cantan, gritan, se abrazan y se besan, y donde incluso se pueden escuchar las arrítmicas palmas que tocan con mucho menos compás que los andaluces aunque con el mismo entusiasmo. Mysig, por su parte, denota una atmósfera más privada donde cada detalle puede ser decisivo para crear el ambiente que delimita su silueta: un manta de lana cubriendo los pies, suaves pieles de animales sobre el suelo de madera, un fuego ardiendo vivamente en una chimenea, velas encendidas, una buena taza de té entre las manos, regaliz, un paquete de patatas fritas, una buena película, un disco de vinilo, un gato o un perro tumbado a la espera de una caricia, o  quién sabe, tal vez solo la noche infinita y silenciosa que impregna sus secretos en los corazones de las personas que la acogen. 

Sería un reto muy peliagudo tratar de describir el significado de estos dos términos ya que perderían la poderosa relación que se asocia con su propia existencia. Se trata, pues, solo de eso. Hay palabras que no se pueden traducir, que no se pueden explicar.

Si no me crees, intenta explicarle a un sueco lo que es La Semana Santa para Sevilla o la Feria de Abril para un español soñador que se mudó a Suecia en nombre de las siglas del amor.

Pablo S. Abascal

Poeta, profesor, aventurero y libre pensador, cuando libre. Desde 2016 dirijo y edito la revista poética Retales Amarillos en la que reunimos poetas y poetisas que, desinteresadamente, nos brindan su textos para su expansión internacional.

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