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¿QUIÉN HACE DE DIOS CUANDO DIOS HA MUERTO?

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¿QUIÉN HACE DE DIOS CUANDO DIOS HA MUERTO?

¡Dios ha muerto! Y quizá lo hayamos matado nosotros.

¡Dios ha muerto! Exclama y anuncia Zaratustra a un pueblo incapaz de comprender que no se trata de una referencia devota sino de la muerte del propio ser humano. 

¡Dios ha muerto! Y quizá lo hayamos matado nosotros. 

Diego Armando Maradona (1960-2020) −el pibe de oro− nació a las afueras de Buenos Aires, en la zona sur del conurbano bonaerense, cuna del Boca, el tango y los asados. Creció en Villa Fiorito en el seno de una familia de escasos recursos económicos y se convirtió a temprana edad en estrella del fútbol mundial, ídolo argentino y Dios −literalmente− de la iglesia Maradoniana.  

Sus idas y venidas, sus vaivenes, sus caídas y recaídas son bien conocidas por todos. Pero Dieguito, a pesar de todos los pesares, siempre tuvo claro que la vida le sonreía de frente: “presión es la que tiene el hombre que no tiene para dar de comer a sus hijos. Yo no tengo ese problema, yo tengo la olla llena”. 

El Pelusa nos regaló momentos que quedarán grabados para siempre en las retinas de los amantes del fútbol: la mano de Dios y la eliminación de los ingleses del Mundial de México 86, los juegos de malabares durante los calentamientos antes de empezar los partidos −incluso aquí en Sevilla, en el Pizjuan, dándole pataditas a una pelotita de papel de plata de algún bocadillo que llegó seguro a buen recaudo de un aficionado del club− y, bueno, sus goles de falta, su llanto viendo al Boca jugar, su increíble idilio con el Nápoles. 

¡Dios ha muerto! Y probablemente todos lo hayamos matado un poco porque un pibe como él nunca estuvo preparado para convertirse en el objetivo de los focos del gran teatro del fútbol. 

Barrilete cósmico llegó a este planeta para llevarse en el camino a todo inglés que se le pusiera de por medio y, de esa misma manera, el polvo cósmico se lo llevó a él por delante. No sin antes tatuarse al comunismo en sus brazos o recibir el amor incondicional de los feligreses que peregrinaron por el mundo para ver a su Dios jugar al fútbol en la tierra. 

Dios ha muerto. ¡Hasta los ateos deberíamos esta noche rezar por su alma y su redención! 

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Poeta, profesor, aventurero y libre pensador, cuando libre. Desde 2016 dirijo y edito la revista poética Retales Amarillos en la que reunimos poetas y poetisas que, desinteresadamente, nos brindan su textos para su expansión internacional.

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