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La Poesia

El mundo sigue girando y que no nos pille en bragas

Entrevista

El mundo sigue girando y que no nos pille en bragas

La cultura está en las calles y en los mercados

Ha cambiado un poco la vida de todo el mundo últimamente, además los cambios de estaciones y el propio paso del tiempo, el denominador común de estos cambios es el Coronavirus. ¿Qué significa para ti el Coronavirus ahora mismo?


Ahora mismo el Coronavirus para mí significa pausa, significa tiempo de espera e incertidumbre. Esta situación me pilló en Australia, dónde llevo desde septiembre y desde dónde debería haber volado a Indonesia este pasado mes de junio. Ahora tenemos todas las fronteras internacionales cerradas, por lo que, ante las opciones de volver a España o quedarnos aquí y aguantar, mi compañera y yo decidimos seguir aquí, esperando frente a la incertidumbre y a la duda de cuándo podremos continuar nuestros planes y dónde.

Al margen del coronavirus, ¿qué cambios ha habido últimamente en tu vida?


Volvimos a la vida en furgoneta, que no está nada mal. Por ahorrar y vivir de un modo más simple, mi compa y yo retomamos la vida de carretera, parque y playa en esta isla enorme que nos enseña algo a cada momento. Queramos o no, siempre tropezamos con algún aprendizaje.
¿Tienes cuál es el siguiente viaje que tienes previsto? ¿Por qué?


Pues, como ya escribía antes, tenemos muchas ganas de andar por el sudeste asiático, empezando en Indonesia. De allí pa’ dónde tire la moto, la bicicleta o la burra.


¿Está poniendo luz a la consciencia? Explícate…


Opino que la luz a la consciencia no la ponen tanto los sucesos, sino nuestra predisposición a ser iluminados e iluminar si se da el caso. Los aprendizajes son velas apagadas, y está en nuestra mano la decisión de encenderlas.

¿Qué vas a hacer para que el mundo sea un lugar mejor en la “nueva normalidad”?


Pensar global, actuar local, querernos mucho y cubrirme al estornudar.


¿De verdad el parón sirve para mejorar?


No sé si para mejorar, pero sí para evidenciar que es momento de desaprender y repensar nuevas formas de construir nuestras sociedades.


¿Cuánto tiempo nos queda?


El que queramos darnos. Nunca es demasiado tarde. Aunque sí que hay daños irreparables, también hay futuros que podemos evitar.

¿Cuándo y cómo descubriste que hacer poesía era lo que te llenaba?


Creo que empecé a tomármelo realmente como una manera de crear arte perdurable y con un significado cuando estaba en la universidad. Me crucé con la obra de Bukowski gracias a un colega de otra clase, y aquella forma cruda del autor de enseñarme lo turbio de ser humano y sufrir dolor, un dolor que no se calma, porque no hay una herida que cerrar o un hueso que recomponer, aquella forma me clavó en una estaca.

Al mismo tiempo, siempre he sido un consumidor de música voraz, de muchos géneros, y creo que ahí estaba aprendiendo de forma indirecta mucho sobre la expresión de las ideas.

Además, soy muy cinéfilo, y por aquella época me interesaban mucho los biopics de artistas de todas las disciplinas; pintura, poesía, interpretación, música…

Supongo que si juntamos todo eso con que tenía 18 añitos y quería decir algo, acabas teniendo a alguien que dice cosas y que ha aprendido que para decirlas y que la gente las sienta, tienes que sentirlas tú primero, tienen que ser tuyas para que sean también de los demás.


¿Qué libro recomendarías para pasar un confinamiento? ¿Por qué?


Creo que es momento de volver a las distopías por antonomasia y leer ‘Un mundo feliz’ y ‘1984’ para no perder la mirada crítica. Son momentos de prestar mucha atención a lo que los poderes quieren generar, a qué realidades quieren estructurar ahora que venimos de un shock a gran escala. Y si tenemos que romper la norma, no dudemos, más vale saber la verdad y estar vivos.


Uno de los temas en boga últimamente, quizás porque si el relato se centra en este asunto se distrae de otros, quizás por lo llamativo, es la destrucción de estatuas en todo el mundo. Es un tema interesante. ¿Crees que las estatuas son arte independientemente de a quién representen? ¿Qué te evocan la destrucción y la retirada de estatuas?

Las imágenes siempre han sido un instrumento de propaganda y educación. Si bien, por sí solas no son herramientas malvadas, su uso si ha estado generalmente ligado a la perpetuación del poder y la dominación del ideario colectivo. Las imágenes en las iglesias, las banderas, las estatuas de dirigentes políticos, las publicaciones en redes sociales… Todas tienen el poder de generar en la masa ideas. Estas ideas pueden ser, por ejemplo, de pertenencia, de creencia o de dominio, quizás, y tienen como única función definir lo bueno y lo malo, a los aliados y a los enemigos, a nosotros y a los otros. Estas ideas describen nuestra realidad, la tomamos como verdadera y la reafirmamos a través de nuestras imágenes.

Una estatua por sí sola no es mala, el peligro está en la idea que genera, y si queremos destruir ideas tóxicas, habrá que llevarse por delante a sus instrumentos de perpetuación.

Otro asunto que también está de actualidad es el turismo, estamos asistiendo a una crisis en uno de los sectores más importantes de las economías de Italia, España o Francia y estamos recibiendo un montón de publicidad para promocionar el turismo que incluye qué tipo de turismo tenemos que hacer y cómo tenemos que hacerlo. ¿Crees que el modelo de turismo ha cambiado para siempre? ¿Qué opinas del turismo cultural, qué experiencias tienes? ¿Quieres venir al Festival de Poesía de Gargüera?


Vengo de unas islas preciosas en el Océano Atlántico, cerquita de la costa africana occidental que, por desgracia, llevan en mano de caciques muchos siglos. Para nosotros el turismo es una perla con veneno, es una condena. Personalmente aborrezco el modelo turístico que predomina, tanto en mi archipiélago, como en gran parte del mundo moderno. El consumismo, la destrucción, apropiación y desvalorización de lo propio de cada lugar, la globalización degenerada en una norma general bien enmarcada. Hoy todos quieren llegar al mismo sitio, en todas partes y ya no hay lugares, sólo reflejos de sueños capitalizados.

Si de mí dependiera, la solución al problema del modelo turístico actual iría encaminada hacia la descentralización económica de mis islas, repensando modelos de autogestión y enriquecimiento de las economías locales para así no depender de mendigar limosnas, me desprendería del yugo que supone la idea de servidumbre como oficio y buscaría reconstruirnos como cultura rica y única para tener algo propio que ofrecer a los visitantes, más allá de una piscina con vistas y una buena discoteca.

Las propuestas de turismo cultural son un perfecto ejemplo de nuevas formas. La idea de viajar por conocer los procesos culturales, las realidades únicas del lugar que se visita es algo imprescindible si queremos decir que hemos conocido un sitio. La cultura no sólo se refleja en la literatura o la música, la cultura se saborea en las comidas cocinadas en las casas, se disfruta en los lugares de ocio un domingo por la mañana, se siente contemplando la arquitectura y los paisajes, está en las calles y en los mercados. La cultura está en los mayores sentados en sus plazas.

Y sí que me gustaría asistir al festival que están organizando, pero me quedan lejos.


Y para terminar: ¿Qué giro de guión crees que nos depara este 2020?


El gran renacer de la idea del amor.

Gran Canaria// '94// Educador Social

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