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La Poesia

Entrevista a Ana Illana sobre el confinamiento

Entrevista

Entrevista a Ana Illana sobre el confinamiento

Entrevista a Ana Illana acerca del estado de confinamiento y experiencia personal

Hemos vivido una situación inédita últimamente y esto tiene muchas implicaciones en el mundo de la cultura, desde el día a día, la situación económica de la mayoría y varios dramas personales al ya palpable cambio de cánon. La última vez que hubo una circunstancia semejante en Occidente, surgió el Expresionismo, así que hemos decidido documentar estas circunstancias de primera mano a través de vari*s artistas a l*s que les hacemos una serie de preguntas.

1. ¿Ha cambiado tu forma de vestir últimamente?

¿Vestirme? Digamos que no me paseo desnuda por el pasillo (gran recorrido matutino hasta la cocina), pero la “ropa” que llevo no me representa, ¿o si? Igual a la Ana del confinamiento sí, os lo contaré cuando vea todo esto con perspectiva. 

1.1  ¿Dónde estás? 

Vivo en un piso de estudiantes con dos amigas de mis años universitarios salmantinos. Un pequeño paraíso en la cuarenta, lo llamo yo. Sin embargo, en su momento no me pareció necesario comprarme una mesa para mi habitación, así que digamos que escribo esto desde mi despacho en un salón destartalado de una casa antigua madrileña y céntrica poco reformada.

1.2 ¿Qué llevas puesto?

A pesar de mi desazón vital por momentos, he de decir que me encuentro realmente conjuntada en este instante. Aunque tristemente la gama de colores elegidos para tal combinación son tres tonos de grises diferentes que realmente poco pegan, podría adjuntar imagen. En cuanto al tipo de ropa supongo que la definición es “cómoda”, pero no cómoda de camiseta ancha y calcetines altos acompañados de un moño deshecho y una taza de café en la que ponga “todo saldrá bien”. No soy tan atractiva como para protagonizar ese tipo de anuncios. Hablo de esa ropa que te compraste para hacer el ejercicio que nunca hiciste o esa camiseta de tu ex que te quedaste porque es grande y nunca tuviste (tuvo) el valor de devolver (pedir). Al final, supongo, ropa en forma de alegoría de esa desazón vital de la que antes hablaba.

2. ¿Cómo viviste el principio de la declaración del Estado de Alarma?

Enfadada. Tenía planes. Para mí el estado de alarma empezó el lunes que nos dijeron que no volveríamos a clase en principio por 15 días. Seguidamente se derrumbaron mis prácticas en la Tabacalera y después se anuló la jam de jazz a la que iba a ir el miércoles a la noche cerca de Antón Martín. Y después de eso a las  citas que empecé a comprender que no podría acudir, viajes de fin de semana cancelados… y todo eso por mi mente en cuestión de días, mensajes confusos que no conseguía descodificar. Sí, enfadada creo que es la definición perfecta para mi yo confuso del principio del Estado de Alarma.

3. ¿Qué es lo más llamativo que recuerdas de este proceso, lo que más te haya llamado la atención, lo más visual?

La confusión, ya no solo la mía personal, sino la de mi alrededor. La más cercana, supongo, la de mis compañeras de piso y la presión social que caía como una losa sobre la gente que vive en Madrid, pero que no es de aquí. Esa gente cuyo primer instinto fue huir hacia su ciudad y encerrarse esos 15 insignificantes días en casa de sus padres, familia o novio. Recuerdo como el debate era una constante en el piso. Del lunes que nos quitaron las clases al domingo de esa semana la duda convivía con nosotras día y noche. Pasamos de hablar de chicos, fiestas, festivales, planes… a hablar, pensar, soñar con esta nueva realidad.  Y con ella la culpa que la sociedad con su perfecta moral imponía ante los deseos de huida. El malestar se apoderó por unos días de la casa y todo eso a la vez que empezábamos a ser conscientes de todo lo que no íbamos a poder hacer. Lo denomino visual porque nos cambió y evolucionamos. Tomaron la decisión y 40 días de convivencia después, casi ya amigas de la idea de este nuevo presente, el estrés y ansiedad de esos primeros días  marcaron un antes y un después a la hora de afrontar todo esto.

4. Imaginemos que el virus se ha enviado desde el futuro por un grupúsculo de humanos supervivientes más desarrollados en algunos ámbitos científicos con el objetivo posible de prevenir el contexto del cambio climático. ¿Cómo desarrollarías este escenario literario?

Calor, creo que uno de mis personajes alegóricos sería el calor, en el tono lorquiano que siempre solía acompañar a sus mujeres. Un calor que caracterizaba el clima de la andalucía profunda, pero también el agobio y desesperación de estas en la sociedad. Ahora este calor será correspondido también con el cambio climático característico del mundo post apocalíptico del que vienen los visitantes. El agobio estará presente en toda el escenario a través del calor interno que manifestarán en los diálogos, así como el trastorno moral y ético que discutirán entre ellos al saber que serán responsables de miles de muertes a nivel mundial. La pregunta dará una vuelta al estar dirigido a un “tú” lector como si él tuviera que tomar la decisión final afirmativa de expandirlo  a cambio de un futuro, o no hacerlo a cambio de un presente. El egoísmo humano jugará el otro papel clave. 

5. ¿Cuál ha sido para ti la principal diferencia con “la normalidad”?

La rutina, tenía una vida realmente activa. No había fin de semana que no tuviera un proyecto o plan, los miércoles se salía de jam de jazz por Antón Martín y los domingos de Rastro y música callejera, además de los viernes y sábados sumergidos en la Sala X. Todo ello combinado con el máster y las clases de lunes a jueves todas las tardes. Digamos que a casa iba a dormir y de vez en cuando comía. Esto ha sido lo más duro, la pérdida de planteamiento futuro, mi mundo se ha reducido a una habitación, un salón, cocina y baño. Tengo demasiada energía que explotar y los paseos de balcón a balcón no me acaban de saciar.

6. ¿Cómo has vivido dentro del ámbito cultural el confinamiento?

Estoy realizando un Máster en Gestión Cultural por lo que este ámbito durante el confinamiento es un constante debate en mi entorno. Tenemos clase de 16:00 a 21:00 la mayoría de los días de la semana, por lo que podría decir que la mitad de mis días los dedico a hablar sobre arte y su gestión, así como visitas virtuales a museos para la asignatura de espacios para la exhibición, debates sobre el futuro del arte contemporáneo o trabajos a entregar semanalmente con diferentes reflexiones.

7. ¿Cuáles crees que serán los principales desafíos culturales después del confinamiento? ¿Y los tuyos?

Desde mi perspectiva creo que los principales desafíos culturales radicarán en la posibilidad de realizar proyectos nuevos, ya que los grandes espacios como pueden ser el Prado o el Reina Sofía, si hablamos de cultura en museos, recuperarán su actividad de una  manera más o menos rápida y constante. Siempre y cuando se restablezca el flujo turístico del que, en gran  parte, se nutren.  Sin embargo, creo que los retos, como he mencionado anteriormente, lo tendrán los pequeños proyectos que se produzcan a nivel social, ya que se prevé una crisis tras la etapa de desestabilidad sanitaria y todos sabemos qué pasa con la cultura en esos momentos.

En cuanto a mí, recobrar la estabilidad emocional y los objetivos. La culminación de este curso académico, que posiblemente se corresponda con el final de la cuarentena más o menos, supondrá la finalización de mi etapa de estudios. Tendré que buscar planes B, C , D… porque dudo mucho que el A tenga sentido en el futuro que nos espera.

8. ¿Crees que habrá cambios en los contenidos y en las formas? ¿Cuáles?

Creo que los cambios ya se estaban dando antes del confinamiento. Vivimos en la revolución tecnológica y nuestras juventudes prácticamente dependen de ellas (juventudes entre las que, claramente, me encuentro). El sector cultural debe adaptarse o morir y aclaro esta cuestión. Antes de esta locura que nos encontramos viviendo  actualmente, la dimensión virtual de la realidad, es decir, la performance de esta, cogía cada vez más fuerza a través de las redes sociales y, ahora, es el único medio para alcanzar esa realidad de la que estamos ansiosos. Hecho que nos condiciona aún más a la dependencia de estas y esto llevado a todos los aspectos sociales.

En el mundo cultural muchos de los artistas contemporáneos se daban a conocer a través de su perfil y cogían fama en función del número de seguidores y de likes y, es de esta manera, la manera con la que se llegaba al público. Vivimos una revolución pop a otros niveles, ya no solo la idea es coger espacios o imaginarios costumbristas y exponerlos en un museo, ahora toda esa creación se genera por y para a un público masivo que consume a través de pantallas. El metadiscurso del arte elitista ya no sirve, dejó de ser relevante décadas atrás, pero ahora hablamos de una dimensión ficticia en la que todo el mundo tiene potestad para comentar, criticar, alabar o crear.

9. ¿Qué crees que habría que cambiar en el marco de esta crisis para que el sector prospere?

Claramente no tengo las respuestas correctas y posiblemente ni me acerque a ellas, pero creo que reconocimiento y educación. Puede que sean dos medidas muy abstractas, pero si se consiguieran concretar en temarios de institutos y en educación emocional respecto a la sociedad y la cultura que en ella se genera, podríamos desembocar en una comunidad más comprometida y en  una política que valorara el papel de la cultural y, dentro de esta, del artista. 

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