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Entrevista a Efe Navas.

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Entrevista a Efe Navas.

Ó de como rescribir 12 monos.

Entrevista a Efe Navas.

Hemos vivido una situación inédita últimamente y esto tiene muchas implicaciones en el mundo de la cultura, desde el día a día, la situación económica de la mayoría y varios dramas personales al ya palpable cambio de cánon. La última vez que hubo una circunstancia semejante en Occidente, surgió el Expresionismo, así que hemos decidido documentar estas circunstancias de primera mano a través de varis artistas a los que les hacemos una serie de preguntas.

1). ¿Ha cambiado tu forma de vestir últimamente? ¿Dónde estás? ¿Qué llevas puesto?

No, no ha cambiado. Me encuentro en este momento en una cabaña con toma de electricidad que hay llena de bártulos y libros polvorientos en el patio de mi casa. Es un patio abierto a las faldas de un edificio alto y ahora algunas ventanas siguen encendidas como luciérnagas a lo largo de la fachada. Son las tres y media de la madrugada y acabo de llegar hace unas horas del centro de patología dual en el que trabajo como educador.
Aún visto la misma ropa. Como abrigo llevo uno de felpa marrón, bien caliente y con forro de borrego por dentro, muy de los noventa en estilo, así entre chupa hippie y chaqueta de profesor de música, look educador, si se quiere, que al ir me ha sobrado, pero al volver ha sido toda una ayuda. Como calzado llevo unas zapatillas tenis de una marca que no conozco (conozco pocas, y simplemente me suenan, no es que siga un criterio de calidad, solo soy muy escrupuloso con la estética de la ropa, pero no soy «marquista» si se me permite el término, o no me ciego siquiera por elegir o buscar bajo ese criterio). También llevo una camiseta lisa y unos pantalones oscuros vaqueros tipo slim, o como los cortan ahora los textiles low cost. No es parte de mi vestimenta, pero sin maquinilla de afeitar mi barba está ya frondosa y todo junto pudiera darme cierto aspecto bohemio quejumbroso

2. ¿Cómo viviste el principio de la declaración del Estado de Alarma?

Lo viví con cierta expectación y una suerte de frenesí frío por saberme en un acontecimiento histórico y no valorar todavía el alcance real de la pandemia. Básicamente me hice con un cargamento de humo y me encerré en un apartahotel cerca de casa de mis padres. Dada la situación de salud de un familiar que no viene al caso aquí no podía exponerme a contagiarle y me tuve que refugiar allí, en una habitación no apta para fumadores. Por lo visto, hace años que no se fuma en los hoteles, pero es algo que siempre me he pasado literalmente por el forro del abrigo de felpa y no he ido a muchos hoteles desde hace ya tiempo.
Allí estuve participando con mi smartphone en todas las cosas que pude, y escribiendo, así como explorando formas mixtas entre el verso libre y la rima, y empecé un relato que sigue aún inconcluso. El humo hizo brotar en una carpeta varias sinopsis para historias que jamás escribiré y D. I, un amigo que estaba enviándome continuamente mensajes por whatsapp parecía seguro de que iban a fumigar con helicópteros las fachadas con un químico para erradicar la plaga, entre otras medidas posibles, como el racionamiento, los cortes de luz en zonas amotinadas, y un largo etcétera de desinformación alternada con información real. Daba la noche para imaginar estampas apocalípticas y la belleza en el mórbem, escribir, pero él parecía afectado, le acababan de echar del trabajo por el mismo corona y le invité al apartahotel un rato conmigo esa misma noche.

3. ¿Qué es lo más llamativo que recuerdas de este proceso, lo que más te haya llamado la atención, lo más visual?

Suelo ir a una cafetería aquí en Londres que cuenta con una terraza muy agradable y lucida y al primer día de cuarentena en la ciudad, tras un vuelo con solo veinte pasajeros en total en el avión, busqué un lugar donde refugiarme y paladear la cafeína cálida, sentir su aroma rezumar, despertar, ser persona, como se suele decir, pero el Cous Cous, mi cafetería habitual, obviamente estaba cerrada. Conseguí encontrar abierta una pastelería y me hice con un coffe – late con dos cucharadas de azúcar y cuando vi al pasar la terraza vacía decidí sentarme allí en el suelo. Al lapso de cinco minutos, unos seis comensales habituales hicieron lo mismo, merodeaban como yo la terraza de antes, y tras los días es habitual que las mañanas las pase allí charlando con ellos, solo que de pie o sentado en el suelo. Es sin duda pues la cafetería con mayor poder de convocatoria que conozco y un pequeño negocio que peligra con todo el fenómeno, pero de alguna forma sigue vivo, pues sus clientes aún lo frecuentan y lo miman. Guardamos incluso una bolsa de basura que vaciamos y volvemos a poner a diario, y un cepillo para barrer oculto en un toldo, y las patrullas pasan y nos apresuramos como febriles en separarnos a una distancia de dos metros prudencial, con las bolsas de la compra visibles, el humo achantado. No nos han parado ni una sola vez hasta el momento, y las mañanas empiezan a solear, así que los comensales empiezan a crecer en número y hay varios bártulos reciclados a modo banquillo donde sentarse y que provocan cierta aglomeración.

4). Imaginemos que el virus se ha enviado desde el futuro por un grupúsculo de humanos supervivientes más desarrollados en algunos ámbitos científicos con el objetivo posible de prevenir el contexto del cambio climático. ¿Cómo desarrollarías este escenario literario?

Recuerdo la novela “Caballo de Troya” de J. J. Benitez, o especialmente el relato ”El sonido del trueno” de Arthur C. Clarke. Este último tecnicamente supondría un argumento en contra de esa hipótesis. El pasaje turístico a las diferentes eras del que disfrutan los personajes tenía la norma máxima de no salirse del sendero, pues cualquier alteración en ese cosmos sería una perturbación del espacio – tiempo que cambiaría, como en el caso del relato, el curso de la historia por efecto mariposa (es una mariposa lo que muere al ser pisada por un pasajero) de forma impredecible, excéntrica. De haber un continuo lineal en el espacio tiempo, de concebirse como algo fractal, sencillamente el mundo al que volverían o bien probablemente no se vería afectado por su maniobra o cambio o sería otro mundo, o sea, uno que no conectaría con el nuestro, el afectado por la pandemia.
Sin embargo creo en un posible planteamiento literario, pero se me asemeja demasiado al guión de 12 monos… Xd.
Así que empezaría ese escenario con la estampa de la Atlántida y su extinción o haría una alegoría moderna del mito. Aludiría a la causa de los viajeros del tiempo como los nuevos atlantes que son enviados para propagar la plaga.

5) ¿Cuál ha sido para ti la principal diferencia con “la normalidad”?

Dado que trabajo, la soledad aquí en la ciudad, o más bien el echar de menos a mi mujer y mi hija, que estan atascadas en Guinea Ecuatorial. He podido hablar con más frecuencia con más amigos que antes. La distancia es más relativa así. Mi confinamiento en la ciudad, sempiterno, sin vida social aquí los últimos años, se combina con el confinamiento generalizado de quienes están lejos, y ahora me hacen más caso por norma

6).¿Cómo has vivido dentro del ámbito cultural el confinamiento?

Con más proactividad por parte de todo el mundo, una actitud más comprensiva ante las tiranteces posibles, pues se asume una vulnerabilidad común y se transige más, diría.

7). ¿Cuáles crees que serán los principales desafíos culturales después del confinamiento? ¿Y los tuyos?

Volver a la práxis analógica de los escenarios.

8). ¿Crees que habrá cambios en los contenidos y en las formas? ¿Cuáles?

Puede exacerbarse aún más la digitalización de los contenidos.

9).¿Qué crees que habría que cambiar en el marco de esta crisis para que el sector prospere?

Apoyar – exigir toda medida de rescate del sector por parte de la administración. Conquistar una profesión real reconocida para el sector con nuevas formas de cotización adaptadas y empezar a concebir la figura del artista como trabajador y parte del progreso social. Retomar cuando todo pase los escenarios y las calles.

Muchas gracias, ha sido un placer 🙂

Efe Navas en la poetry slam de Salamanca.

Pensador turbio, con intenciones siempre buenas, se sirve del Rap para hacerse ver. En realidad lo que escribe es solo una forma de llamar tu atención.

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