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La Poesia

Investigaciones sobre Turismo y Cultura 1/3. Sostenibilidad y calidad entre el turismo y la cultura en el caso de la poesía con Anita Núñez-Torrón Stock y Escandar Algeet.

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Investigaciones sobre Turismo y Cultura 1/3. Sostenibilidad y calidad entre el turismo y la cultura en el caso de la poesía con Anita Núñez-Torrón Stock y Escandar Algeet.

«El turismo cultural hace crecer el patrimonio: lo dota de valor, lo rentabiliza, le otorga una mirada externa, lo transforma… Se resignifica ante la mirada del otro.» Anita Núñez-Torrón Stock

«De pequeño tenía un balón firmado por los jugadores del Real Madrid con el que nunca jugué». Escandar Algeet

Inauguramos una serie de tres investigaciones que vinculan turismo y cultura, y en concreto, la poesía contemporánea, a través de una serie de conceptos. Este es el primero de tres bloques. En él analizamos esta realidad a través de los conceptos de la sostenibilidad y calidad. Presentamos, así, un formato novedoso en el que creamos una entrevista vertebrada a partir de la estructura del ensayo.  Para ello se contó con una investigación previa de los conceptos claves para crear una base que estará presente guiando cada pregunta de las posteriores entrevistas, hasta llegar a completar el ideario de lo que es, hoy en día, la situación por la que pasa la poesía en cuanto a la situación de la gestión cultural española.

Para tratar este tema desde una perspectiva de comunidad artística contamos con la colaboración de dos poetas: Escandar Algeet (Palencia, 1984) y Anita Núñez-Torrón Stock (Lugo, 1995).

Las entrevistas contarán con una parte de preguntas en común y una segunda parte de preguntas personalizadas según su recorrido y carrera como artistas, así como las temáticas que más les puedan afectar en función a su biografía o experiencia.

Entrevistados desde una perspectiva de artistas y de personalidades sensibles hacia la realidad artística y, por consiguiente, patrimonial de la que forman parte por su contribución con su creación y actividad.

Anita Núñez-Torrón en el Poetry Slam Lavapiés

Así, Anita Núñez-Torrón Stock define las diferentes artes con las que trabaja como aquella realidad con la que nunca podría dejar de convivir. Habla de diferentes expresiones artísticas y de la convergencia necesaria entre ellas: “el vídeo, la fotografía, la edición, la poesía, la lectura, el diseño, la danza o la interpretación forman mi vida personal y profesional, que concibo como inseparables una de la otra.” 

Con estudios de Comunicación Audiovisual y actualmente profesional del marketing cuenta como el hecho de relatar historias supuso el inicio de su vida personal y profesional: “Desde niña, he tenido claro que mi profesión tenía que ser contar historias. Por eso elegí estudiar Comunicación Audiovisual, para manejar todas las herramientas y medios que me permiten hacer realidad mis ideas y Filosofía, que me permite entender qué historias deben contarse y cómo hacerlo.”

Para ello Anita utiliza diferentes expresiones artísticas como la poesía participando en diferentes Slams y siendo ganadora del que se celebró en Lavapiés este diciembre de 2019. Sus poemas hablan de feminismo, anticapitalismo, LGTBI y de sus raíces gallegas. Son sensibles e identitarios, grandes ejemplos del valor de comunidad que posee el patrimonio, en este caso, inmaterial como es la poesía.

El poeta Escandar Algeet, Foto de Cristina del Barco

Por su lado, Escandar Algeet, poeta consolidado a través de una trayectoria en la que el éxito de sus vídeo poemas no tiene límites. Desde su primera publicación Alas de mar y prosa (2009, Ya lo dijo Casimiro Parker) continuando con Un invierno sin sol (2013, Ya lo dijo Casimiro Parker). En 2015 publica de forma paralela los poemarios Y toda esa mierda y Ojalá joder (ambos en Ya lo dijeron Casimiro Parker). Por último, en 2017 se edita La risa fértil.

Estudiante de cine en una escuela de Ponferrada. Tras años en el Bierzo se afincó en Madrid donde comenzó a ser editor de la revista Pro-vocación, montó el bar Aleatorio en torno a la poesía y el bar Alevosía (bar que lamentablemente ha tenido que cerrar), más dirigido a los cantautores, pero donde también tiene presencia la poesía. Creación de espacios para la convergencia de las artes, una vez más en este caso, pertenecientes al patrimonio inmaterial. Gran conocedor del mundo actual de la poesía: “Cuando empecé a escribir que iba al Bukowski, al Retiro, con mi revista de publicación… yo era el raro. Espacio donde iba, espacio en el que tenías que enfrentarte a opiniones muy críticas y a caras de sorpresa. Ibas a un sitio y decías quiero hacer un recital de poesía, y te miraban como un bicho raro. Haberlo conseguido para mí es increíble, era mi guerra. Me he criado en una sociedad en la que parecía que la poesía estaba en un altar olvidado, cogiendo polvo, un elitismo muy lejos del pueblo y yo creo que la poesía debe estar a pie de calle. Tiene que ser la pista de baile donde todos salgan a disfrutar.”

Ambos, representantes activos del arte contemporáneo y del patrimonio que se genera en nuestros días y, de esta manera, conocedores de la actualidad real a la que se enfrenta la creación y su superveniencia de la poesía en nuestra sociedad y en el marco del turismo cultural sostenible y de calidad.

De esta manera, daremos paso en un primer lugar a las preguntas genéricas que se les han hecho a los dos poetas de forma conjunta viendo así, los dos puntos de vista de una misma realidad:

Anita Núñez-Torrón:

Atendiendo a la definición de Patrimonio Cultural dada en la introducción, ¿reconoces tu obra como parte de este?, es decir ¿sientes que forma parte de un colectivo que le dota de valor?

Cuando he leído esta pregunta, me ha venido a la cabeza una anécdota que me ocurrió hace tiempo y que tiene mucho que ver con lo que se habla al inicio de esta entrevista.

Era un recital, no diré dónde ni cuándo. Estábamos varios poetas convocados en cartel y el presentador se sentó con nosotros antes de empezar, para preguntarnos a cada uno cómo quería que nos introdujese. Uno tras otro, fueron hablando del libro que querían vender a la salida, las pegatinas o el precio de la entrada del concierto que daban mañana. Cuando llegó a mí, la única que estaba en silencio, el presentador me preguntó “¿Y tú qué quieres vender?” y yo le respondí, “La pregunta no era esa, que yo recuerde. Yo no vendo nada. La poesía, en todo caso. Pero para eso vengo aquí a recitar”.

De esta anécdota extraigo dos conclusiones. Lo primero es que la poesía debe tener valor en sí misma y un recital es un tangible, inmaterial, pero tangible, que tiene un valor cultural y, si se quisiera, económico, infinito. Pero no, se cree que sólo tiene valor lo puramente físico (el libro, la pegatina con el verso…); o sino, el propio espacio o atmosfera (el bar, el concierto…); pero nunca la poesía por sí misma.

Lo segundo es que, si bien yo me sentí molesta hacia mis compañeros de recital, luego me di cuenta que el problema no está en los poetas, sino en la política cultural y la lógica capitalista que subyace a ésta: si quieres ser artista, tu supervivencia está ligada a crear productos vendibles, materiales. 

Por todo esto me cuesta reconocerme a mí como poeta y a mis textos como una obra. Y quizás esto en realidad tiene mucho que ver con lo que señaláis al inicio, y es que mi obra es puramente inmaterial y nunca la he explotado económicamente. Nunca he publicado nada ni lo he intentado, muchos de mis poemas los he perdido en soporte físico, y sólo tengo versiones en mi memoria o en el móvil de algún amigo que ha tenido la decencia de acordarse de grabarme en algún recital. La lógica capitalista nos hace pensar que lo inmaterial no tiene tanto valor como lo tangible.

Pero cuando voy a cualquier recital, no me queda ninguna duda de que la poesía, en todas sus formas, es un patrimonio cultural de gran valor; cuya existencia ocurre al margen de cualquier institución cultural, porque éstas sólo reconocen el valor de cuatro o cinco poetas a nivel nacional que pese a su juventud, talento y sobre todo, éxito comercial; no representan en absoluto el movimiento poético que está revolucionando España desde hace años, en la sombra, y sólo para aquellos que lo queremos ver.

Porque la poesía no sólo tiene un valor artístico o estético; sino profundamente identitario. Y el patrimonio no sólo puede estar ligado a lo que tiene un valor puramente económico, sino a aquello que nos representa en cuanto sociedad y que nos dota de un valor cultural.

La poesía, por ser tan profundamente visceral, por la forma en que se construye, tiene la capacidad innata de reflejar cómo es una sociedad o cómo quiere ser. De cómo ve el mundo un poeta, una cultura; de cómo querrían que fuese.

Y no sólo la poesía que se publica, la que está atada a la página de un libro, sino que hay que entender la poesía mucho más allá, como una forma de expresión no literaria, sino también física: los recitales son un patrimonio cultural brutal. Pareciera que la poesía es sólo el verso, pero también es el cuerpo del poeta, el sudor, el silencio, el murmullo, el aplauso, la pizarra del jurado, la lágrima del conmovido. Yo lo he descubierto durante la pandemia, he disfrutado muchísimo en los recitales on-line, pero no tiene nada que ver. Hay algo físico, pero al mismo tiempo inmaterial que se produce en los recitales que es irreproducible y por ahora, invisible a la política cultural.

En cuanto al turismo cultural, ¿crees necesaria esa convergencia con el patrimonio? ¿La supervivencia de este depende de la dotación económica que le proporciona el mercado del turismo?

La pregunta es compleja. Sí creo que hay y debe haber una convergencia entre el turismo cultural y el patrimonio; pero no al revés. El turismo cultural es fundamental para enriquecer a todas las culturas, tanto económica como culturalmente.  El turismo cultural hace crecer el patrimonio: lo dota de valor, lo rentabiliza, le otorga una mirada externa, lo transforma… Se resignifica ante la mirada del otro.

Pero creo que el patrimonio cultural no puede y sobre todo, no debe vivir para el turismo. La palabra patrimonio está intrínsecamente ligada a la pertenencia y nunca debe pertenecer al turista, sino al pueblo que lo crea o ha creado; que lo mantiene, que le da significado.

El patrimonio cuya supervivencia está únicamente ligado a su explotación turística, además de los daños materiales que sufre por su mala gestión, pierde su sentido original, su valor, su significado; en tanto deja de ser identitario, representativo de esa sociedad; para convertirse en un reflejo vacío, en un espejo de nadie; un bien meramente decorativo o económico; pero sin valor cultural de ningún tipo; porque ya no se identifica con nadie.

El patrimonio debe sobrevivir por sí mismo, y para ello hay que prestarle atención desde las instituciones culturales y no desde las económicas.

Pero quizás es mucho más sencillo hacer lo que se está haciendo, simplificar el patrimonio, venderlo hacia los de fuera, sobreexplotar económicamente los símbolos que generan atracción al turista y olvidar los que no; y no hacer ningún esfuerzo por transmitir a la comunidad el valor del patrimonio de su propia cultura. Porque se hace una fuerte inversión económico en “vender” patrimonio hacia el exterior, pero poco en promoverlo desde y hacia dentro.

Y yo pensaba que si algo bonito podíamos extraer de la horrible situación que hemos vivido estos meses con la pandemia mundial, era precisamente cómo íbamos a resignificar la palabra turismo; cómo nos iba a obligar a mirar hacia lo propio, a la importancia y vinculación de las personas con los espacios y las culturas en las que habitan diariamente… Pero me he despertado con cientos de turistas yendo a Mallorca mientras yo me perdía el funeral de mi abuelo en Galicia. No sé. Nos queda mucho por pensar.

¿Crees que las políticas llevadas hasta ahora que no se caracterizan por una sostenibilidad, en el caso de Barcelona, han hecho que ya se haya perdido parte del patrimonio?, ¿la masificación y la no autenticidad que crea el turismo masivo puede hacer perder la identidad a ese destino turístico global?, ¿crees que la respuesta a toda esta realidad negativa se puede solucionar con una gestión sostenible?

Pues como decía en la pregunta anterior, no. Creo que el turismo cultural no está enfocado a la sostenibilidad, desprestigia el patrimonio y no siempre hay vuelta atrás. En Barcelona y en todas partes. Desde las Ramblas a las cataratas de Iguazú; pasando por la catedral de Santiago de Compostela; hay una sobreexplotación turística que no mira más allá, que sólo juzga el patrimonio en función de su posible explotación económica y la máxima atracción de turistas; sin importar cuánto merma eso el valor artístico, cultural o simbólico del patrimonio. Las ciudades empiezan a mirar hacia fuera, y se olvidan de sus habitantes.

Yo he vivido cinco años en Santiago de Compostela y es un ejemplo perfecto. Una ciudad cada día más hecha para el turista, para el peregrino; por toda la llamada zona vieja cierran los locales de toda la vida por tiendas de souvenirs, marisquerías o franquicias de heladerías multinacionales; la propia calle se hace inhabitable. Al turista todo eso le da igual, porque no conoce al señor que tiene un bar desde hace 60 años y lo tiene que cerrar en una ciudad que cada día recibe más gente, pero recibe fantasmas que no la habitan, que la pisan y se van.

Cuando volvía de la facultad callejeaba para no atravesar la Plaza del Obradoiro, dónde está la catedral, porque apenas se podía caminar. Durante la pandemia una amiga me pasó una foto de la plaza vacía: fue una sensación de paz y de tristeza. Sabía que un día como hoy, volvería a estar llena. Y danos dos meses, volveremos a no poder respirar en nuestra propia ciudad. 

Un turismo que arranca el patrimonio de las manos que lo construyen, que lo mantienen, que lo habitan; destruye el patrimonio. Y no sólo ocurre con monumentos, también con expresiones puramente simbólicas: el flamenco, el tango; o la poesía.

Si hacemos algo que sólo es para los de fuera, si lo convertimos en una “marca”, si masificamos lo que no está pensado para un consumo masivo, hacemos políticas orientadas a extraer el máximo rendimiento económico; perdemos el valor simbólico; y lo que llamábamos patrimonio pasa a convertirse en una mera colección de “productos culturales”, productos globalizados, idénticos en todo el planeta: las mismas tazas, las mismas camisetas, las mismas fotografías, los mismos ritmos, las mismas letras, los mismos versos… que no dicen nada, que no son de nadie, con los que nadie se identifica. Pero también creo que el turismo no es algo instrínsecamente negativo y que es posible un turismo sostenible y enriquecedor.

¿Cuál te gustaría que fuera la relación de la sociedad con su patrimonio cultural?

Identidad. Creo que cuando el patrimonio forma parte de la identidad de la sociedad que lo crea, se le da el valor que merece. Cuando sólo se mira el patrimonio como algo económico, y el punto de vista se pone el de fuera, en hacer que pueda ser explotado, cuanto más mejor; se pierde su valor. Sólo una sociedad que valora y se identifica con su patrimonio, lo mantiene, lo cuida, lo potencia, lo genera y lo hace crecer; sólo entonces el foco se pone en la sostenibilidad, cuando se mira no sólo hacia fuera, sino también hacia dentro; y sobre todo, desde dentro.

¿Por qué crees que la poesía no ha sido potenciada como producto cultural para este tipo de turismo?

El turismo no deja de ser el escaparate que una cultura muestra hacia el exterior: es turística la zona, objeto o símbolo pensados y políticamente respaldados para este fin. Una zona no turística es la que no está pensada para que habite alguien de fuera.

Tengo un verso en una poesía que dice: “mi poesía es tan particular que ni yo misma podría recitarlo dos veces exactamente igual”. Y eso es problemático, porque no es controlable. Porque no se puede crear un producto, una marca.

La poesía es considerada una actividad siempre autóctona, no vaya a ser. Nunca me he encontrado a un peregrino en un recital en Santiago, por ejemplo. La poesía no es masiva, y por suerte, creo nunca lo será. Y, por tanto, no se adapta al sistema capitalista. No conocemos apenas modelos de turismo que no sea capitalista. Por tanto, la poesía no es turística. Porque la poesía es intrínsecamente subversiva y difícilmente reproducible con las características de un objeto creado para las masas. No es atractiva económicamente. Y si lo es, que sea porque los poetas y los artistas beben mucho y consumirán; pero no porque su arte tenga valor en sí mismo y puedan atraer gente.

Y entretanto, se organizan cientos de recitales en cada ciudad y se crean redes a nivel nacional que la política cultural desconoce o no quiere mirar. En mis últimos dos años, casi todos mis viajes han estado motivados por recitales de poesía, como poeta, pero también como asistente. Me apasiona ver qué poesía se hace en otros sitios, cómo se organiza. Yo hago turismo poético y conozco a cientos de personas que también. Pero. 

¿Qué opinión te merece la reflexión de Rubén Darío respecto al poeta y su nueva posición en el mercado actual del arte?, ¿Crees que es una posición real para todo tipo de artistas y no solo los que se dedican a la poesía?, ¿Consideras que hay otras artes que están más valoradas a nivel social y esto se plasma en su inclusión en ella con mayores privilegios?

Yo creo que la poesía a veces es un espectáculo y creo que eso no es negativo en absoluto. La música, la danza o el cine también lo son y ello no merma su carácter artístico. Pero el espectáculo no es ocio. O no sólo. Un espectáculo es algo intrínsecamente político, social; y por tanto con un potencial profundamente transformador.

El problema radica en lo que señalaba más arriba, que rara vez se valora la poesía en sí misma; sino lo que se genera alrededor de ella. Un recital no es el complemento de un bar, de la presentación de un libro o de un concierto; un recital de poesía es un espectáculo profundamente visceral y con valor por sí mismo.

Pero lo explico más abajo, en otra pregunta: la poesía es un arte que no se adapta a la lógica capitalista tan bien como otras, un arte que rara vez se masifica; y por tanto tiene menos privilegios y siempre aparece como complemento de otros. No tiene suficiente valor no artístico, sino económico.

Por tanto, el poeta ha de convertirse en un animador de espacios, que se tiene que ganar la atención de un público que no ha ido expresamente a verle y cuyo foco de atención está repartido.

Por eso me apasiona el formato Poetry Slam. Mucha gente me pregunta por qué me gusta, si no soy nada competitiva y siempre incido en la poca importancia de las puntuaciones. Es porque es el único lugar dónde la poesía es el centro de atención, dónde el público acude para escuchar la poesía, nada más. No hay libros, no hay productos, no hay música. No hay capitalismo, sólo arte.

Escandar Algeet :

Atendiendo a la definición de Patrimonio Cultural dada en la introducción, ¿reconoces tu obra como parte de este?, es decir ¿sientes que forma parte de un colectivo que le dota de valor?

No me atrevo a (ni sé si debo) valorar mi propia obra respecto al todo, pero sí me siento peón de una lucha colectiva que reconozca y continúe el legado literario que hemos heredado de todos los que nos precedieron. Que la sociedad sienta, aprenda y conviva con la poesía, venga esta de quien venga.

En cuanto al turismo cultural, ¿crees necesaria esa convergencia con el patrimonio? ¿La supervivencia de este depende de la dotación económica que le proporciona el mercado del turismo?

Creo que el turismo cultural es la evolución de una sociedad globalizada para que la cultura, su supervivencia y su ocupación de espacios públicos, se adapte a un mundo moral y económicamente capitalista. La gente que transmite el legado del que hablaba antes ha entendido que su fuerza es como consumidor, y en ese aspecto echan semillas en cada tierra que pisan como el sistema ofrece, con dinero. Pero no es el único, por supuesto. La financiación pública es una decisión social, un valor que al menos reconoce que una mayoría de la población queremos defender la cultura más allá de su beneficio económico. Y luego están las trincheras, los sótanos, las esquinas, la calle y las casas de resistencia donde el arte va a seguir carburando, aunque el dinero no llegue nunca, ni dependen de ello.

¿Crees que las políticas llevadas hasta ahora que no se caracterizan por una sostenibilidad, en el caso de Barcelona, han hecho que ya se haya perdido parte del patrimonio?, ¿la masificación y la no autenticidad que crea el turismo masivo puede hacer perder la identidad a ese destino turístico global?, ¿crees que la respuesta a toda esta realidad negativa se puede solucionar con una gestión sostenible?

Desconozco la realidad de Barcelona ni creo que pueda opinar nada al respecto. La masificación siempre conlleva pérdida de identidad, pero también creo que la pureza es más una etiqueta (¿nostálgica?) que un camino creativo. Obviamente se puede domesticar una obra para adaptarla a todos los públicos, y el Romancero Gitano no se leerá igual en los ojos de un andaluz que en los de un sueco, pero siempre hay capas de profundidad e investigación, y las de fuera, las más superficiales, pueden tapar, pero también abrir puertas a nuevas búsquedas.  La gestión sostenible es algo que hay que impulsar en todos los sectores, el de la cultura por supuesto también.

¿Cuál te gustaría que fuera la relación de la sociedad con su patrimonio cultural?

De reconocimiento y aprendizaje, pero no de altar. De pequeño tenía un balón firmado por los jugadores del Real Madrid con el que nunca jugué. No sé si me explico.

¿Por qué crees que la poesía no ha sido potenciada como producto cultural para este tipo de turismo?

Supongo que, como todo, por una cuestión de rentabilidad. Por otro lado, para jugar a la poesía hace falta tener la herramienta común de un idioma. En ese aspecto otras artes como la pintura, la música o la arquitectura facilitan su internalización. Como me dijo un día Pablo Cortina, la poesía es lo que no se puede traducir.

¿Qué opinión te merece la reflexión de Rubén Darío respecto al poeta y su nueva posición en el mercado actual del arte?, ¿Crees que es una posición real para todo tipo de artistas y no solo los que se dedican a la poesía?, ¿Consideras que hay otras artes que están más valoradas a nivel social y esto se plasma en su inclusión en ella con mayores privilegios?

En el contra que señalaba en la pregunta anterior también está su virtud. Creo que la virtud de la poesía es precisamente su accesibilidad: basta con saber un idioma, un lenguaje, para poder intentarla, e incluso creo que cualquiera puede hacer un buen poema. En el mercado de valores es posible que la poesía quede por debajo de otras artes. Pero no necesita financiación, infraestructura o industria para su creación. En ese aspecto, creo que establecer comparativas entre distintas artes no conduce a ninguna conclusión significativa, cada una convive con sus propios impulsos y problemas.

Una vez vista de forma genérica la opinión de cada uno de ellos nos adentramos en las preguntas personales. Preguntas pensadas para ellos en función su experiencia y producción por lo que hablarán de realidades de las que son grandes conocedores.

Anita Núñez-Torrón:

A parte de Comunicación Audiovisual, también tienes formación en danza contemporánea, fotografía e interpretación, por lo que tu trayectoria artística no solo se ha basado en la creación poética. ¿Crees que todos los tipos de artistas están considerados de igual manera por la sociedad?

Yo creo que todas las artes están intrínsecamente ligadas. Cuanto tienes necesidad por expresarte no importa el medio, sino el mensaje. Y cuantas más herramientas tienes para expresarte, más fuerza tendrá. Por eso no me gustan más unas artes que otras, aunque mis medios de expresión favoritos sean el documental y la poesía; pero no siempre, no para todo.

 Pero desde luego, no, cada artista tiene una posición social completamente diferente. Incluso dentro de cada arte las diferencias son brutales: no es lo mismo la danza clásica que el hip-hop, no es lo mismo el cine que el teatro; la ficción que el documental; la prosa que la poesía. El análisis podría ser infinito.

Yo tengo una pasión particular por los artes denostados: siempre he bailado hip-hop, como creadora me interesa el ámbito documental; y aunque soy ferviente espectadora de cine y teatro por igual; para interpretar prefiero una y mil veces el teatro; como lectora no discrimino, pero escribo mucha más poesía que prosa.

Y el criterio para evaluarlos en esa escala jerárquica es únicamente la capacidad de explotación económica; en ningún caso se aplican criterios artísticos. Supongo que es de lo que estamos hablando a lo largo de toda la entrevista: cuanto más masivo sea, cuanto más adapte a la lógica capitalista, más atención recibirá políticamente, y por tanto, por la sociedad.

Dice Santos Zunzunegui que el cine es una industria que a veces produce arte. Y no puedo estar más de acuerdo. Y hay artes que se resisten mucho más a ser industrializados, la poesía es uno de ellos. Y por eso, están en menor consideración. Pero repito: menor consideración desde un criterio económico, no artístico.

            Por último, dentro de tu producción artística aparecen tus raíces gallegas con poemas que hablan de esta realidad y escritos en esta lengua. ¿Crees que el lenguaje construye patrimonio?, es decir, el hecho de hablar en gallego le da a las palabras elegidas y las historias contadas una dimensión diferente que si estuviera escrito en castellano. ¿El lenguaje genera herencia?

Absolutamente. El lenguaje refleja la realidad y también la construye. No se puede poner nombre a conceptos que una cultura no conozca o comprenda.

El ejemplo más típico es el del lenguaje inuit, que diferencia muchísimos tipos de blanco y tiene una palabra para cada uno; y que serían intraducibles a cualquier idioma en el que los hablantes seamos incapaces de diferenciar el contenido simbólico al que aluden, porque serían varios nombres para nombrar un mismo concepto.

El gallego está, como todo idioma, atravesado por la cultura que lo habla y por su historia. La morriña no es nostalgia. La morriña son cientos, miles, millones de gallego, emigrando durante décadas y generando un sentimiento colectivo. Un ejemplo entre miles.

Yo he vivido un año en Buenos Aires y allí entrevisté a cientos de emigrantes gallegos o descendientes. No os podéis hacer una idea de la cantidad de gente que habla gallego allí sin haber pisado nunca Galicia. Pero porque el idioma forma parte de su identidad, los conecta con sus raíces, con su herencia. Muchos decían que hablaban en gallego cuando hablaban de sus afectos, de lo emocional; porque los conectaba con esa parte de su vida.

Allí yo reconecté con mis raíces y me di cuenta de que lo que me estaba perdiendo. Parece mentira, tener que cruzar 10.000 km para sentir esta pertenencia.

Yo muchas veces hago autocrítica de lo poco que escribo en gallego. Es imperdonable. Reconozco que me cuesta mucho porque en mi caso, no me han criado en esa lengua, y ha sido y es un ejercicio usarla en mi día a día y me cuesta mucho forzarme en la poesía, pero no es excusa, porque no debería tener que forzarme. Porque a los emigrantes argentinos tampoco los han criado en esa lengua, pero han descubierto la fuerza identitaria de usar tu idioma, que vehicula sentimientos inexpresables en otra lengua.

No sabéis la de veces que me han dicho pues si quieres poemas en gallego, traduce tus poemas en castellano. Pero entonces no tendría poemas en gallego, tendría traducciones del castellano.

Es un deber usar nuestra propia lengua como vehículo de expresión, sobre todo cuando su uso se está perdiendo, porque forma parte de nosotros mismos, de nuestra historia, de nuestra identidad, es nuestra herencia y no podemos permitirnos perderlas. Porque si la poesía es identidad, no podemos socavar parte de la misma. Pero no es sólo un deber, es sobre todo un regalo. Es el patrimonio más valioso que tenemos, porque para mí, el patrimonio es ante todo identidad y esta se construye a través del lenguaje.

Escadar Algeet:

 

En ocasiones se te incorpora dentro de una generación poética a la que pertenecen poetas como Marwan. En tu entrevista para Público realizaste una afirmación al respecto: Creo que no soy yo la persona que deba confirmarlo o desmentirlo. Es verdad que puede haber una unión generacional, por convivencia quizás, hablamos de lo mismo en la misma época. Es muy lógico que nos incluyan en el mismo grupo. Todos los que has nombrado tenemos una individualidad muy potente y hemos aprendido a abrazar la diferencia en muchos aspectos sin dejar de crear una comunicación que fluya entre nosotros.

Afirmas una unión generacional por un escenario en común, ¿crees que el arte generado por esa unión, aunque con perspectivas diversas, puede ser denominado como patrimonio?, es decir ¿consideras la contextualización de las generaciones poéticas como la del Grupo del 27 perteneciente al imaginario español y, por consiguiente, herencia cultural? Si es así, ¿crees que una generación contemporánea podría llegar a serlo?, ¿ya lo es?

Respecto a la primera pregunta sí, lo considero patrimonio y herencia cultural. La singularidad de cada lugar y tiempo se manifiesta a través de su reflejo artístico, que lo transforma a la vez, y crea una identidad que se transmite, en mayor o menor medida, a lo largo del tiempo. Esto sigue y seguirá ocurriendo, también a día de hoy, pero no soy yo quien trace su marco o le ponga sus nombres. 

Parte de tus orígenes son sirios. Conociendo la situación actual de Siria nos gustaría a hacer referencia al patrimonio perdido por el conflicto armado que se está produciendo. Mucho de él ha sido devastado y perdido, ¿crees que la pérdida de patrimonio puede influenciar a la identidad de un pueblo? En la actualidad los ataques armados a lugares patrimoniales están considerados como ataques terroristas y juzgados como tales ¿crees que esta concepción es la correcta? Y enlazando con el tema del turismo y la economía que se puede generar en él, ¿consideras que en un futuro en el que se pueda realizar visitas al país este perderá visitantes por el hecho de la pérdida del patrimonio?

Todo influye en la identidad de un pueblo, por supuesto su patrimonio cultural, y más por supuesto aún una guerra. La guerra habría transformado igual su identidad, aunque la ciudadela de Alepo estuviera intacta. Mi conocimiento en leyes es bastante limitado como para juzgar cual es la concepción correcta de un ataque al patrimonio, tengo muy presente una frase de Ana Pérez Cañamares “El Quijote pesa menos que una niña”, pero eso no le quita valor al Quijote, si no subraya el de una niña. Y supongo que sí, que habrá viajes turísticos que se perderán al perder referencias monumentales, y el expolio y contrabando de arte también hará mella, la gente no va a Egipto a ver la piedra Rosetta, aunque habrá que ver la magnitud de las perdidas, y confiar en su futura reconstrucción para poder sacar conclusiones.      

Con los bares como Alevosía o Aleatorio creaste un espacio para la producción artística y cultural. La convergencia de diferentes artistas y la exposición de sus obras a un público que genera comunidad, ¿consideras esos espacios materiales como posibles escenarios futuros de patrimonio como lo son ahora, salvando las distancias, los patios de comedias?

La perspectiva histórica del presente me parece un ejercicio bastante inútil. No lo sé, y tampoco me importa. Amo la hostelería desde una visión cultural, y es un hecho su valor dentro de la memoria individual de cada persona. De ahí a que transciendan a la colectiva y adquieran valor histórico va un trecho del que tengo muchas dudas.

Poetry Slam de Lavapiés, 2018

Para finalizar dejar constancia de la investigación realizada en la que se exponen los conceptos claves tratados a través de las preguntas, así como su fundamentación y características dentro de la gestión cultural y, en concreto, del mundo de la poesía.

El Patrimonio Cultural supone la suma de unos bienes de naturaleza material e inmaterial que gozan de unos valores propios, podemos decir que su suma de valor radica en el contenido simbólico que poseen de forma inherente y, en consecuencia, en su reconocimiento por la comunidad a la que pertenecen y a las personas que lo admiran desde otras comunidades o a su admiración en el contexto del mundo globalizado. Esto no solo los hace merecedores de una especial protección para su preservación, sino también para su uso, especialmente cuando se trata de patrimonio emergente que se está desarrollando a la vez que se va plasmando. En nuestro caso nos vamos a centrar en el contexto de la poesía, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, y en pleno desarrollo en varios contextos.

La controversia respecto a la especial protección de estos bienes aparece especialmente cuando las medidas para su conservación chocan con el uso que se hace o se desea hacer de ellos. La sobreexplotación de estos los daña a nivel cultural, pero en muchos casos beneficia de forma económica. He aquí la dicotomía entre el uso pragmático y el uso sociocultural. Así, con el uso pragmático ya entramos en el tema que nos atañe: el turismo cultural. Hablamos de un tipo de turismo relativamente joven, pero que se extiende de manera masiva. Los productos culturales, como el sector los llama, suponen en la actualidad uno de los mayores atractivos de las ciudades destino, su valor radica en la capacidad que tengan de de dar promoción a su entorno. Solo hay que pensar en la gestión de ciudades como Barcelona, las colas para acceder al Prado, o las colas que se generaron en el I Versódromo para que uno de los principales poetas de la Movida Poética te escribiera un poema. Por no hablar de ejemplos europeos como la ciudad de Venecia.

Esta realidad choca con la que se plantea en el sector del patrimonio que, en contraposición, su objetivo final es su existencia y, por tanto, la tarea básica es su conservación. Sin embargo, los sectores conviven y se retroalimentan porque no podemos olvidar que no solo se trata de conservar una herencia para transmitirla, sino de, una vez garantizado esto, integrar el patrimonio en los procesos de desarrollo social y económico de la comunidad a la que pertenece.

En este punto entra en juego la sostenibilidad y la calidad del turismo cultural. Así, debemos tener claro la definición de turismo sostenible como una gestión de los recursos para que puedan satisfacer las necesidades sociales y económicas sin dañar la integridad cultural, así como la ecológica -no sólo la ecología de la biosfera, sino también la ecología de los ecosistemas creativos-. Unido a eso se entiende por calidad, dado este término pertenece al negocio en torno al patrimonio, el grado de satisfacción que ha tenido el consumidor en la experiencia proporcionada por el producto turístico. Así la creación de un sistema sostenible para la conservación juega con la calidad para generar un fenómeno económico rentable a largo plazo.  Un ejemplo de gestión española sostenible y de calidad, al menos a los ojos del turista, es la gestión de la entrada a la Alhambra que cuenta con un aforo controlado a través de la reserva de plazas. Realidad que consigue un control eficiente de la capacidad de carga del monumento y, generando a su vez, una experiencia agradable para el turista al no encontrar el espacio saturado, un turismo sostenible y una conservación del bien patrimonial rentable y duradera en el tiempo.

Una vez analizada la realidad de los Bienes del Patrimonio Español en relación a su uso y trato volvemos a plantearnos la situación por la que pasa la poesía, no nos olvidemos, denominado Bien de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad y una de las Bellas Artes por definición. Mientras nos encontramos con una sobreexplotación del patrimonio material (monumentos, museos, espacios naturales…), ocurre que el inmaterial, en este caso la poesía, contiene como problema principal en España: la ausencia de presencia de toda política cultural siendo condenada a la marginación en los marcos administrativos. Así, la subsistencia radica en su capacidad de «inventarse a sí misma». Motivo por el cual se genera una situación social en la que esta se expone como adorno de otro negocio. La posible sobreexplotación de la poesía ocurre de otra manera. Pasa a ser un complemento, el complemento de un bar, el complemento del sector del libro o el complemento de las artes escénicas.

Aparece la concepción del poeta como personaje animador del espacio más que como artista, una “especie” que llama la atención del público y de una sociedad que a grandes rasgos lo vincula con el entretenimiento y el espectáculo. Un artista que tiene que reinventarse para encajar en la nueva concepción mercantil y económica del arte como bien plasma Rubén Darío en su cuento “El Rey Burgués” donde el mismo título descubre las intenciones primordiales de un rey que ya no se manifiesta como mecenas, sino como buscador de beneficios inmediatos, unos beneficios que no encuentra en el poeta, motivo por lo que le condena a una vida de humillación en la que la su principal tarea será contentar a todo aquel que se acerque al jardín del monarca generando ocio y espectáculo a través de una caja de música. Un objetivo totalmente alejado del verdadero existir poético, pero un objetivo viable para la subsistencia:

Había en una ciudad inmensa y brillante un rey muy poderoso, que tenía trajes caprichosos y ricos, esclavas desnudas, blancas y negras, caballos de largas crines, armas flamantísimas, galgos rápidos y monteros con cuernos de bronce, que llenaban el viento con sus fanfarrias. ¿Era un rey poeta? No, amigo mío: era el Rey Burgués (…) Un día le llevaron una rara especie de hombre ante su trono, donde se hallaba rodeado de cortesanos, de retóricos y de maestros de equitación y de baile. —¿Qué es eso? -preguntó —Señor, es un poeta. El rey tenía cisnes en el estanque, canarios, gorriones sinzonte en la pajarera: un poeta era algo nuevo y extraño. —Dejadle aquí. Y el poeta: —Señor no he comido. Y el rey: —Habla, y comerás.

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