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La Poesia

Poesía

Del kebab

“¿Qué tipo de kebab quieres hoy?”

me has preguntado esta tarde

en esta nueva costumbre que tenemos

de comer kebab

y de la que me doy cuenta mientras se crea

en el espacio y en el tiempo que vivimos juntos,

que tiene fecha de caducidad, por cierto,

por lo tanto,

no saboreo cada trozo como si fuera el último

sino como si fuera uno de esos

que dentro de menos de 50 días ya no comeré,

que es la verdad:

otra ciudad, otra luz, otro paso, otro kebab.

Y es que es la época del “nunca se sabe”

o, por lo menos, yo no sé

cuál es el lugar donde decir

“aquí vivo yo,

aqui me instalo,

aquí me quedo y me como un kebab

y voy acordándome de todos los que he comido”

desde un aquí

definitivo.

 

Y tú me dijiste ayer que en esta

fluidez de los días, estos

amaneceres

y atardeceres

que se siguen y se pierden,

hay que dar sensatez a lo que hay entre medias.

Rellenar el “mientras tanto”,

hacer que la línea de a a b de un alfabeto exponencial

no sea una línea, sea más bien un enso:

el espíritu que crece,

la mirada que se enriquece,

florecer de la soledad.

 

El ángel novus de Klee,

que según Walter Benjamin está

mirando a un pasado al que no puede ir

y la tormenta del futuro lo arrastra

hacia el porvenir.

Si se pudiera volver al momento

En que algo ha pasado pero un detalle se te ha escapado,

justo cuando te has distraído,

en ese algo que se ha perdido,

por el que pagarías ahora con monedas de tiempo,

con toda moneda

para tenerlo.

Si pudiera volver al amor de las manos

con las que estabas preparando

ese kebab ese día hace años,

cual los ingredientes que no he anotado

por la certeza de que siempre te podría preguntar. Y no.

El pasado se hace confuso,

mientras el presente se hace pasado

y ya no te podría preguntar,

ya contigo no volvería a hablar.

 

En Ankara, en Madrid, en Baku, en Berlín, en Lahore

muchos coincidimos un día

ene que el bocado tenía un sabor

de desamor, algo lejano

que venía sin nuestra guía.

Con un kebab en la mano

pensamos

que el kebab era líquido,

que desde el imperio otomano había fluido,

atravesando mares y fronteras,

bocas asesinas, ciudades negras:

Ese sabor era la nostalgia del kebab,

de su tierra natal, quizás;

O no entender después de haber entendido.

 

Ojalá

del kebab pudieras tener la misma suerte:

en la pérdida mantener tu sabor,

de nuevas especias enriquecerte,

que nuevas bocas puedan acogerte.

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