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La Poesia

Poesía

Despecho

                                             

Él era licenciado en ahora adulador mañana traidor, y terminaba el máster de días de mucho, vísperas de nada. Nos conocimos en el curso “aquellos polvos estos lodos”, ¿impartido por prometen y prometen hasta que la meten, o el que mucho ofrece poco da? no lo recuerdo…

Yo,  diplomada en la peor sorda que no quiere oír, ni aun cuando el río suena. Y ese día me había dejado las gafas. Aunque de noche los gatos, ya tú sabes,  por muy de seda que se vistan. Que se me olvidó el piensa mal y acertarás, el no es oro todo lo que reluce. Pero sí casi siempre mierda lo que huele, y tampoco recordé lo que decía Juan de Pedro, que decía más de Juan que de Pedro, que iba de maestrilla y se me olvidó el librillo. Y ya, metida en el ajo, seguí de loca con mi tema. Pero ya sabemos todos, que en el amor si juntas el coser y el cantar… Con el consejos vendo que para mi no tengo, me dejé llevar, aun viéndole venir de lejos. 

  Tampoco puse en práctica aquello de poner al mentiroso y al cojo a caminar el trecho entre el dicho y el hecho, de lo que se deduce que  en las dos caras de la moneda le verás las orejas al lobo. Que tanto mentirosos como lobos, saben que una retirada a tiempo es una victoria.  Ahora yo ya sé que con ellos, pan y cebolla. Porque si tengo una carrera que me avala es la de dos no discuten si uno no quiere y no creo en la teoría de quién bien te quiere te hará llorar, ni que el amor y los celos hermanos gemelo, porque no es verdad. Aunque enfrente tenía al ladrón que pensaba por la condición de todos. 

  Yo como maestro tengo al que todo lo cura, ese que pone a cada uno en su lugar, que ya le estoy pillando el truco a ponerle buena cara cuando está de malas para que, el mal que por bien no venga, no me dure cien años. También me está  enseñando, que después de la tempestad viene la calma y me recuerda, que en la tempestad cada cual que aguante su vela, que San Martín y el cerdo acabarán llegando; que donde las dan, pasa lo mismito, que al que a hierro mata. 

Por mi parte, he cerrado la puerta sin abrir la ventana, y a lo hecho pecho, que no soy yo de matar reyes para mandarlos al hoyo y no estoy por la labor de que nadie me coma el bollo. Y no voy a sacar un clavo para agarrarme a ningún lao. Y como mantra: agua que no has de beber, déjala correr, que es agua pasada de esa que ya no mueve molinos. 

 A ti espero no verte paseando al perro del hortelano, que dice que quien se va sin ser echado, volverá sin ser llamado. Y que nunca digas nunca, que se te llena la boca. Y no se te ocurra escupir para arriba, que todo cae. Que sabías lo que tenías y lo perdiste. Ahora date prisa pero no corras, haz bien y no mires a quién, que con el tiempo, la paciencia, haciendo y deshaciendo, tranquilo que se acaba aprendiendo. Yo solamente te lo puedo explicar al revés, para que lo entiendas, amor con amor se cura.

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Nací en Santander en el año 1980. Dejé los estudios de joven, pero luego me saqué un máster en escritura creativa. He sido muy promiscua con la vida, por eso escribo. He vivido en Canarias, Málaga y ahora vivo en Granada. Escribo cuando me desvelo.

1 Comment

1 Comment

  1. Sofía

    25 enero, 2020 at 5:03 pm

    Está fenomenal!,merecido premio.

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