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La Poesia

Poesía

Endemoniado

De apacible apariencia, sale mi jodido demonio interior a pasear varias veces al día. Ahogué a Brian Jones en aquella puta piscina sólo por diversión. Carcajadas mientras disparo aleatoriamente a la muchedumbre desde un tejado.

Cuando nadie me ve respiro fuego y bebo sangre invocando demonios sobre el papel en satánicos sacrificios de tinta en los que masacro poblaciones enteras.

Ondeando las virtudes del vicio. Sangre infernal circulando sin parar desde un corazón oscurecido. Colocado con la toxicidad del mundo, pendiente de impulsos y deseos inmediatos, instintos peligrosos poseen mi cuerpo en demoníacos arrebatos de rojiza niebla, no puedo contenerme, ¡joder!

A veces aliado con otros posesos semejantes, endemoniados encubiertos, vivimos en llameantes caminos. Terror irracional en rostros de santurrones y beatas a nuestro paso, ¡Santiguaos si queréis cerdos y rameras, que también arderéis!

Ardor sexual de vez en cuando, ganas de follarme a la poesía, me excita sentir su desvergüenza, que salga a la calle de una jodida vez a liarla y se convierta en la macarra que todos deseamos que sea.

Inflando a hostias a la normalidad, esa cargante gilipollas, tirada en un callejón y que ni su puta madre la reconozca. Cagar en el pecho de lo cursi y lo gazmoño, sin cojones a resistirse, pisarles el cráneo si lo hacen, gran placer largamente deseado.

El puto mundo, condenado, pretende ser salvado por brillantes angelitos en pelotas, alucinados deseos tomados como realidad. Los pocos que no se suicidaron, ahora son demonios folladores compulsivos en un afán de recuperar milenios de orgasmos desconocidos. El mundo que reza, maldito idiota de mierda, será consumido por llamaradas del averno que lo llenarán todo mientras diabólicas risas resuenan desde todas partes, apocalíptica banda sonora de un espectacular final.

Vida que se me ensució con el paso del tiempo y malignas tentaciones, y ahora dejo mi depravado rastro en los lugares que habito con el alma en una casa de empeños, placeres ejercitados al extremo, malévola sonrisa, y una maldición en los labios envuelta en humo de tabaco y azufre ¡Nos vemos en el infierno!

Insensato cabrón que escribe con tinta de color mala virgen ejercitando la blasfemia como deporte favorito. Maledicientes palabras que se cagan en todo con gracia en un satánico conjunto. Mente dispersa que corre tras absurdas ideas vomitadas en asalvajadas piezas ardientes de fuego infernal. Y ríe diabolicamente al terminar.

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