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La Poesia

Poesía

XYY

Tengo la sensación de no poder crear esa belleza,

de no ser lo que esperas de un poema….

Quizás el problema sea yo, mi autodestrucción y yo

no traje feria, pan ni circo. Ataráxico en mis labios

el crepitar del papel, de la cripta mi hipocorístico es dulce axioma.

Me paso las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio,

razón para secárseme el cerebro y vengo a perder el juicio.

Del atractivo de una cuenta atrás a morir de miedo inmerso en el eco

de dos besos, tres ondas de recuerdos

y la reverberación de un sordo “te quiero”,

me pedían un bis las vibraciones del abrazo

invisible, ese que nunca se dio. A tu lado

quise aprender a equivocarme y levantarme

en una longeva explanada azul escribirte

versos en un quijotesco enamoramiento constante

de haber dejado mi marca sin arrepentimiento

en un goyesco sueño como en cemento

extenso como un Greco con tendones entre tenedores me estremezco.

Qué no sea feliz por favor,

que no lo sea yo esta noche

haciendo autostop en la vía del dolor.

Quirúrgica precisión, soy asesino no un bufón

de la muerte desequilibrando episodios de ilusión.

Pasados desconocidos en descosidos bolsillos del pantalón,

lagunas misteriosas….

Los dolores de algunas flores tienen cara de luna….

Lagunas exitosas….

Existencias dudosas con nombres en el parque,

parece que serpientes vestidas de traje

se alojan en  mi “Sustancia gris”. Báthory,

una doble Y y mi déficit de serotonina,

y cuando acabe de morir el colérico atiza las pendencias,

las penitencias tristes y polvorientas,

mientras pasean nubes cenicientas;

la luna, brillante calavera

que blanquea como vela, efímeras quimeras….

Tú, serás mi única moneda, mi última muñeca,

con una perfecta sonrisa de tristeza

y el silencio de cicatrices

dame una pizca azul del cielo

más parecido al puzle de tu corazón

con sus rarezas y rezos, nuestros comienzos

danzando en el lienzo de labios

o en la cintura, su horizonte y vértice….

Me gusta anochecer y ver amanecer

con nueve dígitos dibujados en mi mano,

tus números por los que estoy hiperventilando,

bailando por ti en la aventura de vivir,

perdiendo la realidad,

perdiendo los sentidos

mientras nuestras fuerzas se calcinaron,

vitaminaron tu indiferencia como un nudo de corbata mal atado.

         Miró a uno y otro lado, y no viendo a nadie….

Llegó la hora, violencia devora,

plétora de mala pécora

de su elíptico cuerpo liso como nécora.

Hoy no sangro, soy espina de cardo

recordando lo olvidado,

el pecado, la Ira que disfruta esta derrota

de mejillas agrietadas, esperando la otra

con una desobediente tos incómoda,

respiración insuficiente, vomité cicatrices calientes

con esa adrenalina de círculo vicioso.

Misterioso líquido, no brama, es silencioso y pérfido,

fluye como siempre sin ruido, cadáver perdido,

mandala de sentidos.… Ojos que se apagan.…

Todo pasaba como si nada…

Cortante fluido carmesí, tras de mí

no es clavel ni carmín ese color que se derrama en el jazmín.

Una sombra rapaz gruñe en el aire,

donde los letales labios de la locura lamen la vieja carne.

El tedio resoplar de un sepulcro que nunca llora, aún

viendo la película que unas medias estrangula.

Unas manos me tocaron. Las tuyas, pidiendo ayuda

como aullaba la carne de los dos ladrones en el Gólgota…

El golpear acordes de la locura que comparten partitura

con mi lóbulo frontal sin rumbo, sin frenos

de espaldas al mundo, ¿qué hay en esos pozos negros?

Debe ser increíble ser tú en estos momentos,

yegua de mal agüero pedigüeña, sufre el reino de los cielos

ante nuestro violento encuentro para mí decías:

 

“Apuñálame por la espalda repetidas veces

con el vórtice de tus labios.

Secuestra mi cama,

para violar mi oído con los más sensuales sonidos

de tu respiración;

transmíteme esa canción,

golpéame con tu corazón.”

O quizás me equivoco, no os reconozco,

no me conozco.…

El ritmo de tu pulsación es mi educación,

carne de cañón, fuego de dragón,

dientes de ladrón que no dejan nada a la improvisación.

La policromía a tu rostro llegó, y yo

ciego de pasión “ebriándome” con tu silencio de camposanto

en el descanso de Dios, en la casa del señor

no fui educado para amar al prójimo,

no fue adecuado armar de máscaras

la catarsis de mi amígdala,

pero no llegaron incendiarios perdones,

sin opciones

llora, pero en la puerta.…

Si pudiera este sería mi último poema

para dejar secar la última lágrima.

Presentador de Poetry Slam Cádiz. Autor de "Equivocarse es importante" y "7". Gaditano, padre, comentarista de carreras de caracoles, neurótico y buen tomador de papas aliñás y moscatel.

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