Connect with us

La Poesia

Mi crónica del Festival de Poetry Slam Sur

Actualidad

Mi crónica del Festival de Poetry Slam Sur

Imagínate un festival. ¿Qué es un festival? Es ese evento festivo que acontece generalmente en una comunidad local y que presenta un tema específico que puede ser la cultura o el espectáculo: estoy segura de que ya habrás vivido un festival o, por lo menos, habrás oído hablar de eso alguna vez. No te estoy pidiendo, por lo tanto, que hagas un esfuerzo de imaginación fuera de lo normal, hasta ahora, por lo menos. Ahora te pido que imagines un festival cuyo tema es la poesía, un festival de Poetry Slam con poetas procedentes de diferentes zonas del sur de España: Sevilla, Córdoba, Málaga, Granada; e imagina que los acompañen también poetas de Salamanca o Lavapiés, el barrio más multiétnico de Madrid que, a pesar de que no esté en el sur del país, es un lugar que acoge el sur, el centro, el norte sin hacer ninguna distinción. Ahora imagina que todo esto acontezca en un pueblo de 133 habitantes del norte de Extremadura al fronde de la Sierra de San Bernabé, entre la Valle del Jerte y la Vera. Ya estoy exagerando con la fantasía, estarás pensando. Pues no, es exactamente lo que ha ocurrido: el 2 y 3 de agosto ha acontecido la final del Slam Poetry Sur con 21 participantes en el pueblo de Gargüera de la Vera, Cáceres. Y yo que presencié solo la final, puede que haya llegado tarde por no ver los encuentros anteriores desplazados en todo el país o puede que haya llegado justo a tiempo para vivir, por lo menos, la final: siempre depende de cómo se miren las cosas y para mí la copa está sin lugar a dudas medio llena. Cuántas voces he escuchado, se me han hecho amigas, compañeras, caricias y bofetadas por entrarme dentro y tocar cuerdas varias. Cuántas identidades se han revelado en dos tardes y noches y mañanas.

Adriana Cavarero dice, en su ensayo A più voci, que la voz que empuja en el aire y hace vibrar la úvula tiene una función reveladora. Mejor dicho, comunica. Y lo que comunica es precisamente la unicidad verdadera, vital y perceptible de quien la emite. Sin embargo, la expresión de la voz no lleva a una comunicación cerrada en el circuito entre la voz y la oreja de uno mismo, sino a la comunicación por parte de una unicidad que es, al mismo tiempo, una relación con otra unicidad. Por lo tanto, exponerse y relacionarse han sido las claves del festival sea en forma de competición, sea en forma de Jam Session, sea en la simple pero por eso no menos enriquecedora forma de conversación: unas voces, en su exposición y en la presencia del cuerpo, manos, boca, piernas de quien las emite, han revelado impresiones, preguntas y verdades pequeñas o grandes que han sembrado semillas en los adentros de quienes han escuchado o, a veces, han hecho florecer impresiones, preguntas, verdades ya olvidadas o que no se sabía como hacer florecer.

Me gustaría dar las gracias a todo el mundo, por ejemplo a Miguel Ángel Hernández que empezó a escribir desde ya adulto porque la poesía le llamó por dentro y quiso salir y lo llevó a recitar sus poemas los días del festival en el pueblo de su abuelo; a Carmen Pérez Cuello, por habernos mostrado los sabañones que el frío de la vida puede causar y por habernos, aún así, o precisamente por eso, calentado por dentro; a Alba Mazas por haber bailado con las palabras y con el cuerpo de manera tan contagiosa; a Naissa que nos contó en un poema lo que aprendió en la vida y de este modo aprendimos nosotros también; a Miguel Ángel Vera por haber mostrado el cuidado encantador de las palabras en su poema sobre las palabras; a Carmen Barranco que ve la poesía como una “iglesia con luz de velas” y que nos ha abierto la puerta de su poema para bendecirnos; a Joaki que nos dejó pasar al club de los poetas muertos, a Laura que solía quemar sus poemas cuando de joven porque pensaba que sus problemas eran nada frente a los problemas que había en el mundo, pues gracias por haber dejado de hacerlo; a Varela, el ganador que, siempre ha sido, como él recitó en su poema improvisado, “adicto a ser adicto” y hoy es “adicto a la poesía” y que nos hizo a nosotros adictos a sus poemas y a su energía; a los ciudadanos de Gargüera, de todas las edades, por haber estado presentes y así hacernos sentir parte de su comunidad; a la naturaleza, las vacas, las encinas, el sol y la luna, fieles compañeros, al cerdo que vivía allí al lado y que seguro que se habrá aficionado a la poesía; a la alcaldesa por el entusiasmo y la acogida; a todos los demás poetas de la competición y de fuera, que no tuve ocasión de conocer (estoy segura de que pronto la vida nos brindará una),

cada uno hablando de un dolor superado,

un dolor persistente,

de una tierra o de algún instinto latente,

de la sociedad, de lo que funciona, de cómo tendría que funcionar,

de pasados oscuros, de la guerra, de la paz;

“somos artistas y jugamos con el arte

hasta que nos duele la melancolía”,

ha recitado Sergio Escribano,

pero incluso el dolor une

 

esa unión me parece la mejor vía

la que habéis construido con traviesas de poesía

 

donde yo me encontrado algún día

de agosto,

justo a tiempo.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

More in Actualidad

To Top