Connect with us

La Poesia

“Three white horses” ó la tumba de Shakespeare.

Artículo

“Three white horses” ó la tumba de Shakespeare.

Crónica del último Poetry Showcase London.

“Entre Kings Cross y Stratford dista prácticamente la ciudad de Londres.”- le dije a Sergio, y en aquel momento me pareció meridianamente más claro que a él dónde estaba la tumba de Shakespeare, cuando dejábamos la estación de Black Friars en un Thameslink rumbo Hyde Park Corner y Google en mi teléfono indicaba el lugar como la Capilla de la Santa Trinidad o “Holy Trinity Chapel”. Solo yo tenía batería, un dos por ciento, y en la pantalla aparecía así descrito junto a una imagen del interior del edificio en la que nos retuvimos los dos un instante – “Parish Church pone” recuerdo que apunté con el móvil aún en la mano.- “Póntelo en el maps” me dijo él y yo sin hacerle ningún caso añadí – “Iglesia Anglicana entiendo que pertenece”. “Parish church que más Navas” siguió diciéndome Esribano. – “Parish Church a secas. Debe ser la congregación”- le repliqué. Ya con un tono airado Sergio soltó- “Que puto pongas la dirección en el maps.” Puse rápidamente los términos y la capilla fue ubicada en la app por un instante en Hyde Park, pero acto seguido el móvil terminó por apagarse y los dos nos quedamos con cara de gilipollas, como intentando no exasperar y con la mirada apostada en el letrero que iba anunciando las paradas: “Next station, Hyde Park Corner”.
LLevábamos todo el día juntos con la complicación de no poder más que coger el Thameslink o en su defecto Overground porque Escribano por objeción de conciencia se negaba a pagar el transporte o adquirir ninguna Oyster Card, y a unas horas de coger el vuelo de vuelta con Alejandra Martínez de Miguel a Madrid parecía complejo ya que la tumba de William Shakespeare fuera a ser visitada por los versos de Sergio. Esa noche acababa de ser el Escaparate de Poesía o Poetry Showcase London, sin embargo, ya por la mañana algo obsesionado con la idea me pidió ir allí, haciendo reunión u hoja de ruta juntos en el patio del Cus – Cus, un bar argelino de mi zona donde se puede fumar tranquilo y comer brochetas de carne (básicamente pinchos como los que se toman en el norte de España) y me lo repitió varias veces para yo prometerle e indagar y ver cómo llegar antes de volverse. Mientras él escribía la escaleta del evento, solos en aquel patio, le rezongaba en español a una máquina angloparlante al otro lado del teléfono intentando resolver el check- in del vuelo -no vueles con Norwegian- que pude hacer usando tristemente el truco de ser transferido a ayuda a discapacitados y de ahí con una persona humana que me pudo ayudar. Los dos estábamos enzarzados de antes en la traducción de unas frases que Sergio seleccionó de “El Público” la obra de Lorca, al inglés y con mi ayuda, y yo dudaba entre usar “Get into the scenary” o “Appear in scene”, menos literal y mas sugerente según Sergio, para traducir la aparición de tres caballos blancos como en la obra lorquiana. Parecía que el evento a poco de empezar estaba más o menos resuelto, contactar con Perini e irse acercando a encontrarnos con él, Duncan Green y Alejandra a Hackney tras recoger las cosas de casa, de mi parte, la guitarra, un cuaderno y una cajita de música, de la de Sergio, que recuerde, el trípode y la cámara y los escritos en un macuto.
Llegamos algo tarde, dado que la única manera de alcanzar Hackney por Overground era yendo a Dalston, pero desde Cricklewood, mi zona, la conexión no era directa, y yo ignoraba -ahí me planteó por primera vez el dilema con la Oyster Card Sergio- que no pudiéramos ir en metro o bus, como indicaba con prioridad mi Maps. Quedó en un leve retraso, y nada más llegar nos vimos sorprendidos por una fila de drag queens que posaba para una sesión de fotos sentada en un banco colorido y alargado y levantando cierto ambiente entre los grupúsculos de la puerta. En seguida topé con Yocef, un amigo que había invitado y que nos ayudaría a la guitarra, y Sergio se escabulló en ese instante para entrar directo e ir organizando todo. Quedé hablando en el inglés con mi colega y apuntamos brevemente lo que haría en las dos piezas que interpretaríamos juntos, y en ese rato Susana, una prima artista que vive en Bristol de hace años y que vino a verme expresamente, me saludó sin que advirtiera su presencia con una sonrisa en la cara y plantándome dos besos. “Como manda la tradición” me dijo, mientras nos abrazábamos, e intercambiamos una ráfaga de preguntas hasta ponernos en contexto ambos de nuestras vidas. Yocef me dio entonces dos toquecitos de índice en el hombro y su dedo apuntó después escaleras abajo donde Sergio aspavientaba, lo que entendí como un “empezamos ya” o “baja echando hostias” así que me despedí de ella y al llegar vimos al micrófono probando a Perini.
En un inmediato fuego cruzado de estrechones Sergio atajó el protocolo y nos presentó a todos. Allí Alejandra, Duncan y Perini, junto a Mitch, la técnico de sonido, y con todo dispuesto ya, escuchábamos a Sergio decir en voz alta “Somebody can speak to the mic” “Uno, dos, tres – one, two- three. Three white horses appear in scene ” Dije yo al Micro – “Estamos ready” sentenció Sergio y Perini montó la taquilla y la gente, en el lapso de un cigarro con Duncan y Yocef (que encontré hablando de Black Mirror en la zona de fumadores) entró al completo y el silencio repentino nos invitó a acceder al espacio que ya cercaba la luz de los focos. Sergio empezaba y presentaba, en un inglés precario pero defendido con dignidad y entendible – hay quien sostiene que un inglés mal conjugado puede resultar del todo poético, por retorcerse más el lenguaje- y Duncan y yo teníamos una venda en los ojos que él nos acababa de poner. Entonces los tres caballos blancos aparecieron en escena, o más bien “Three white horses appear in scene”, que solo pude escuchar, pues no podía ver aún, y Escribano pasado el estruendo repentino de las pezuñas trotando me preguntó “I am asking you if you want to be my delirium”. De súbito recordé la escaleta y respondí enardecido “Sí, quiero ser tu delirio” y Duncan también respondió improvisando unas líneas a mi lado. Estábamos haciendo su poema “Nota 6” y retiré al terminarse el último verso la venda para ver al Público ante mí otra vez y salir de escena.
Algo zarandeado por la experiencia escuché los otros dos poemas de Sergio “El amor es triste” Y “La piel” que interpretó como siempre con mucha alma y pasión y tras él llegaría el turno del mismo Green, quien hizo uno llamado “Connected”. Este poema nos hizo viajar a través de la evolución histórica década a década hasta un presente alegórico (futuro inmediato – real) en el que somos esclavos explícitos de nuestros teléfonos. Pensé en “Her” cuando suplíamos hasta el amor por ellos, también me rebelé junto a los “Chores” según Duncan los nombró, viniéndome a la mente más films futuristas, como Black Mirror, y conecté de repente con la conversación que parecía hilarse de aquel cigarro. Luego era mi turno, y aun sintiendo las pulsaciones cardiacas algo revolucionadas -como si la primera salida a escena durante la intervención de Sergio me mantuviera algo compungido- empecé a recitar solo mi poema “Algo nos convoca aquí” que quedó creo suficientemente elegante y decentemente interpretado, para después invitar a Yocef a escena y tocar con él dos temas más, con mucha templanza diré, “Huye” y “La comuna”. A posteriori Perini hizo sus tres poemas mitad en perfecto inglés, mitad en español “Error”, “Decálogo de(s)amor” y “Círculos” y le dio el turno a Alejandra, muy esperada aquella noche, quien hizo sus tres archi-conocidos “Metro de Madrid Informa”, “Yo de mayor quiero ser” y “Cállate y déjanos bailar”.
La gente me fue dando por petición de Sergio sus escritos para la cápsula del tiempo -donde se guardan para un futuro de humanos aferrados a un smartphone quizás- y nadie se animó al open mic, así que le devolví la caja donde guardamos los papeles, la misma que había traído para mi primer poema, cuando dieron las luces y le dije a Sergio entre el ruido del bullicio y la sesión del dj: “Brillante lo de los caballos, no lo recordaba” y él me respondió “Gracias, Navas, estaba en la escaleta.” Entonces carraspeó y dijo también “Alejandra tiene plan con su gente y Perini está cansado, por no decir que Duncan se tiene que volver a su ciudad.” “¿Y qué se te ocurre?” le pregunté -“Volvamos a casa” terminó diciendo y los dos nos fuimos callados y exhaustos hasta la estación de Dalston.
Ya en el Thameslink, a la altura de Black Friars Sergio, desvelado de la cabezada que echaba en el asiento de al lado, volvió a hablar para preguntarme si desde Kings Cross (donde cogía el bus al aeropuerto) podría intentar a tiempo visitar la tumba de Shakespeare, y yo que también cabeceaba salí atorado del letargo por acordarme del descuido y decir “Joder, la visita a la tumba, se me había olvidado.” Puse en términos Google y puedo jurarlo “Tumba Shakespeare” y tras apagarse el teléfono sin batería, los dos con cara de imbéciles, la estación, the “Next station, Hyde Park Corner” desapareció tras nosotros.
Escribano se iría sin verla y yo no me lo perdonaba, así que guardé el móvil y dije “A la mierda el Maps, voy a preguntar a alguien, esto es de dominio público, alguien debe saber como volver a esa capilla. Estamos todavía cerca, Sergio” Entonces lancé la pregunta a una señora ostensiblemente británica que leía la prensa al lado, como si esta persona hubiera entendido el conjunto de nuestra conversación: “Do you Know where It is buried Shakespeare madame? A lo que respondió “He is buried in Stradford” – “This is at the east of London, Isn´t it” le repliqué – No, It´s in Stardford- Upon – Avon city, this is out London”. Él no había entendido bien el breve hilo entre ella y yo y esperó a que la señora volviera la mirada de nuevo a las páginas del periódico, entonces la volvió a levantar y añadió: “You can visit on this same train Amy Winehouse’s Tomb. It is in Edgware, six more stops”. Así Sergio, ajeno a lo dicho de nuevo interrumpió “¿Qué ha dicho?” Y yo le dije-“Que la tumba de Shakespeare está a horas de Londres, en Stradford ciudad, no stradford Londres, y que Amy Winehouse está enterrada a seis paradas en este mismo tren”.
Se quedó con la misma cara que yo, la que tenía al dejar Hyde Park, se armó de fuerzas, resopló y ambos volvimos a quedar callados dos paradas más, como odiándonos clandestinamente el uno al otro y sin decir una palabra. “Amy era buena poeta, no a la altura de Shakespeare. Eso lo entiendo, pero buena igualmente” Me atreví a añadir al rato, pero Sergio siguió con el ceño fruncido y en silencio apoyó la cabeza en el cristal y quedó de nuevo en duermevela.
………………………………………………………………………………………………………………………………
P.d: A la mañana siguiente Sergio, solo y en Overground, a cuatro horas de su vuelo, fue al cementario de Edgware a primerísima hora y consiguió grabar su poema “No hay Poesía” en la tumba de Amy Winehouse.
………………………………………………………………………………………………………………………………

-Amy Winehouse in Memoriam-

 

Pensador turbio, con intenciones siempre buenas, se sirve del Rap para hacerse ver. En realidad lo que escribe es solo una forma de llamar tu atención.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

More in Artículo

To Top