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La Poesia

Una mañana erótica

Literatura

Una mañana erótica

Cuando el viento es fresco pero no te roza donde quieres

Desayuné un café con cafeína. Al rato salí a comprar con un jersey de cuello alto. La lluvia había dejado de desplomarse sobre el suelo.

 El sol picaba, el carrito de mi bebé pesaba y tenía sed. El aire era fresco pero estaba sofocada. Mi cuello gritaba que me desnudara. Mis tetas hacían funambulismo al borde del sujetador. La oscuridad de mi coño pujaba por abrirse al sol y al aire. Me arrancaría la ropa torpe y sudorosamente. Me descalzaría, seguiría andando más despacio y respiraría mejor. Si empezaran a caer gotas me arrodillaría hasta que la intensidad de la lluvia me hiciera apoyar la mejilla en el suelo y me quedaría en esa postura, arqueando la espalda arriba y abajo con toda la voluptuosidad que me permita mi columna, para que una puñalada de agua gélida chorreara desde mi ano hasta el clítoris.
Me correría mirando al vacío y gimiendo como una criatura, con los brazos estirados y frotando el suelo con las palmas de las manos. Entonces sin más me dejaría erosionar para seguir chorreando calle abajo.
Total, que estaba la mañana con un vientecillo erótico y frescachón.

Nací Aprendí a escribir Me rayé Me escondí Se me fue la pinza Escribí Me largué Seguí escribiendo Me casé Parí dos hijos Tiré todo lo que escribí Escribí otra vez Exploté

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