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La Poesia

Entrevista a (una tal) Bárbara Armstrong

Testimonio

Entrevista a (una tal) Bárbara Armstrong

Entrevista y poesía

Hemos vivido una situación inédita últimamente y esto tiene muchas implicaciones en el mundo de la cultura, desde el día a día, la situación económica de la mayoría y varios dramas personales al ya palpable cambio de cánon. La última vez que hubo una circunstancia semejante en Occidente, surgió el Expresionismo, así que hemos decidido documentar estas circunstancias de primera mano a través de vari*s artistas a l*s que les hacemos una serie de preguntas.

1. ¿Ha cambiado tu forma de vestir últimamente?

Me gustaría decir que sí, pero no. La mayor parte del tiempo voy vestida como si fuera un día perfectamente normal, y me esfuerzo hasta por peinarme (más que antes, de hecho). Eso sí, voy de puntillas por casa porque echo de menos los tacones.

¿Dónde estás?

En mi «rincón de crear»; un escritorio, un ordenador, muchos cuadernos y la pared repleta de pequeñas inspiraciones.

¿Qué llevas puesto?

Los tacones no. Pero llevo puestas dos copas de vino.

2. ¿Cómo viviste el principio de la declaración del Estado de Alarma?

Con alivio, por dos motivos: el primero, porque trabajamos con niños y conforme iban aumentando las cifras de contagios, a cada segundo consideraba más irresponsable prolongar lo inevitable; segundo, porque necesitaba tiempo para mí y me sentí como si me hubiera tocado la lotería.


3. ¿Qué es lo más llamativo que recuerdas de este proceso, lo que más te haya llamado la atención, lo más visual?

Los desiertos y los silencios. Las calles vacías y mi plaza, normalmente llena de coches y transeúntes, completamente desértica. Si alguien aparece por una esquina, siento que está solo/a. Las mañanas sin ruido de bocinas y cláxones. He escuchado más cantos de pájaros que en toda mi vida. Una ambulancia a lo lejos. Por primera vez, escucho la sirena y siento que me avisa, que entiendo exactamente lo que dice; es como un pregón.

4. Imaginemos que el virus se ha enviado desde el futuro por un grupúsculo de humanos supervivientes más desarrollados en algunos ámbitos científicos con el objetivo posible de prevenir el contexto del cambio climático. ¿Cómo desarrollarías este escenario literario?

He pensado desde el primer día que esto es un golpe de estado de las palomas para dominar el mundo. Si no son palomas y son suprahumanos futuristas, espero que la idea les funcione tan bien como en Regreso al Futuro o en Efecto Mariposa. Sin embargo, si escribiese yo la historia, probablemente conduciría a mis pobres científicos al irreversible final en que se dan cuenta de que hagan lo que hagan y cambien lo que cambien en el pasado, el calentamiento global tenía que ocurrir y todos los senderos históricos llevaban irremediablemente a la destrucción global. No soy gran fan del determinismo, pero sí de las distopías.


5. ¿Cuál ha sido para ti la principal diferencia con “la normalidad”?

(Me encanta que «normalidad» esté entrecomillado) Creo que ha sido la falta de prisas. Es raro eso de no tener que ir corriendo de un sitio para otro. De hecho, he dejado de llegar tarde. Y el contacto. No sólo físico, aunque hoy he quedado con mi jefa y he sentido ganas de abrazarla locamente. Más bien, el contacto diario con desconocidos, ese que era inevitable. El mundo se percibe extraño cuando sacas de la ecuación a todos los «figurantes» de tu vida y te relacionas solo con aquellos que ya conoces y que están en tu círculo cercano.


6. ¿Cómo has vivido dentro del ámbito cultural el confinamiento?

Como en una reconciliación con el arte. Muchas veces tengo que dejar relegados el cultivar y el sumergirme en el arte y la cultura por atender otras obligaciones. Pero ellos siempre están ahí cuando los necesitas: para enseñarte, para relajarte, para inspirarte, para estimularte. No está siendo mi época más prolífica en poesía, pero todos los días estoy aprendiendo algo y creando algo. Cuando no leo o escribo, pinto, o dibujo, o reinvento canciones, o reciclo y restauro objetos viejos. Además, las páginas y artistas que ofrecen teatro, música y literatura gratis y visitas guiadas por museos, me dan literalmente la vida. Les estoy muy agradecida, porque soy cada día más feliz.


7. ¿Cuáles crees que serán los principales desafíos culturales después del confinamiento?

Quiero pensar que este retiro está sirviendo para que la gente reaprenda y redescubra lo que le gusta y, entre sus elecciones, estoy segura de que muchas pertenecerán al ámbito de la cultura. Eso podría suponer una demanda y reactivación de la vida cultural post-confinamiento. Pero, siendo pragmática, será difícil hacer grandes cosas ante la falta de presupuesto que sufrirán muchas organizaciones y asociaciones culturales locales. Sin duda, habrá que seguir apoyando todas las iniciativas que salgan adelante, dejándonos caer por ellas, y tratar de promoverlas ayudando en lo que esté a nuestro alcance. No hay que soltarle la mano a la cultura.

¿Y los tuyos?

Que las ideas que se gesten hoy no acaben en abortos. Persistir en lo que empiezo ahora, porque probablemente tengamos que volver antes de ver terminados muchos de mis proyectos. No dejarme absorber por la rutina y trabajar duro para encontrar el tiempo y el empuje.


8. ¿Crees que habrá cambios en los contenidos y en las formas? ¿Cuáles?


Creo que sí que va a haber un «boom» cultural post-confinamiento. No sé si tanto como para ser llamada «la generación del virus», pero estoy segura de que van a proliferar muchas obras durante este tiempo; varias de ellas relacionadas con la situación o el contexto emocional que estamos atravesando. Ahora mismo, alguien podría estar escribiendo el próximo best-seller, ¡o Nobel de literatura!

Personalmente, estos días me agrada más consumir contenido desvinculado de la situación que estamos viviendo, y me gustaría comprobar, cuando haya acabado todo, que la gente ha trascendido y ha escrito cosas maravillosas sobre la realidad que ha quedado sepultada por el miedo y la obsesión.


9. ¿Qué crees que habría que cambiar en el marco de esta crisis para que el sector prospere?

La mentalidad. Creo que aún no estamos acostumbrados/as a valorar el arte y la cultura como se merecen, y que aún nos duele pagar por entrar a un recital de poesía. En cambio, aceptamos pagar mucho más por entrar a una discoteca o por tomarnos un gintonic en la terraza más céntrica de la ciudad. Habrá que estar dispuesto a hacer un pequeño esfuerzo para ayudar al sector, cada uno/a en la medida en la que pueda y quiera, claro. Ojalá el confinamiento nos haya enseñado que la cultura es un bien de primera necesidad. Basta con vernos: es el ocio que aportan el cine, los libros, la música, étc, lo que nos mantiene cuerdos/as ahora mismo.

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