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La Poesia

Retrato de una obsesión

Testimonio

Retrato de una obsesión

Antes que nada, tengo que decir que, si de mi se supiera todo y fuera trasparente, ¿De qué me serviría mi propia conciencia? Ya dejaría a la subjetividad de fuera, la conjetura clara de los hechos. Por eso me aíslo. Me cierro en mí. Tengo mis propias ideas. Entre ellas que todo esto no es más que un montaje. Que yo mismo soy solo una excusa de mis contradicciones. Y mi lucha ahora -casi- consiste en estas dos “nocturnas” voces que se acuchillan en mi día a día, buscando la sangre del otro, y en la gran mayoría de las veces consiguiéndolo. Mi problema es cuando estoy en los momentos bajos y aparece el segundo, al grito de sofistas, como si de Sócrates se tratara, o Cristo en el templo contra los mercaderes. Los delitos son graves y ya tengo edad para tener recursos de las dos partes para culpar o ganar tanto a uno como al otro. Y ahora… una parte de mi sociedad tiene en su baraja mi veredicto. Y yo no tengo fuerzas para rebatir una vez más mir argumentos.

-El amor es…

He perdido el pulso por la verdad del mundo. Porque aprendí que el no quiere saberla, sino una excusa para acostarse en su mullido techo de aprendiz de rico. Y, sin embargo, algo dentro de mi se resiste a la muerte total, como si de un justiciero ciego se tratara que busca al menos redimirse.

-El amor es…

Mi ultimo deseo, que la envidia sea el arma que me mantuvo engrilletado. Ya se me aviso que seria el final. Pero mi iluso niño quería ser un quijote de este cuento. Nietzsche no llego a despertar suficiente historia.

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ya no vivo como el hombre que te extraña. Cuando sé que apenas te conozco.

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